Vamos a cambiar España porque no hay cosas más importantes

Es recurrente el argumento “hay cosas más importantes que la independencia” entre las mismas personas que acto seguido te invitan al hercúleo reto de cambiar España.

Resulta completamente paradójico. Con la independencia podríamos aprobar el decreto contra la pobreza energética y la prohibición de las corridas de toros sin que el Estado español recurra y tengamos que perder tiempo volviendo a intentar cambiar España para que se respete lo que votan la mayoría de los catalanes.

Los mismos que nos dicen que hay cosas más importantes que la independencia son los que pretenden que esas cosas importantes las aparquemos aún más tiempo porque primero hay que cambiar España. Yo me pregunto, ¿esta gente no se ha planteado que España no quiere ser cambiada y no espera que venga ningún catalán a cambiarla?

¿Nunca se han planteado que el “vamos a cambiar España” es una actitud que solo la puede tener alguien con una indecente superioridad moral? España es lo que es, es evidente que no es homogénea, pero mayoritariamente es la que es y no está ni por el respeto al derecho a decidir de los catalanes ni por un modelo más descentralizado.

No se trata de tener fe, que algún día cambiarán y optarán por el federalismo o por un modelo descentralizado porque objetivamente, el que tiene tal indecente superioridad moral, piense que es el mejor modelo. No, los españoles no tienen incentivos para querer otra cosa si ya tienen preferencia por un modelo centralista y de matriz castellana uniforme, y no se va a cambiar porque un catalán les diga que no le viene bien.

Sin embargo, para justificar tal insistencia en cambiar España y dejar de lado la independencia, esta misma gente te viene con ideas de solidaridad y de lucha; que es la misma en Catalunya que en Albacete. Vaya, y ¿por qué no es la misma en Lisboa o Lyon? Con el nacionalsindicalismo hemos topado.

Una persona internacionalista comprende que después de la independencia de Catalunya siguen luchas conjuntas con personas ya sean de Albacete, Lisboa o Lyon. Un internacionalista entiende que la solidaridad de cualquier tipo no se circunscribe a ningún ámbito nacional y por eso no cesará con la independencia, ya sea hacia el pueblo griego o hacia el pueblo andaluz.

Solo un nacionalsindicalista puede cerrar su ámbito de solidaridad y lucha a la unidad nacional de España, solo un nacionalista puede concebir prioritario reformar España, incluso dejando de lado cuestiones sociales antes que romper España. Vamos que con falangistas nos hemos topado.

Lo peor de todo es que estas personas están infiltradas en partidos de la izquierda española, lo que incluye el PSC e ICV-Podemos. El discurso falangista en la izquierda da alas a la derecha más racista y nacionalista. Por eso, no es de extrañar que en las zonas dónde estos partidos han gobernado, hoy, pueda ganar con facilidad el PP haciendo discursos racistas o C’s con discursos nacionalistas.

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