El independentismo, como la revolución catalana, española y europea

Se nos dice: apoyando la separación de Catalunya, apoyáis el nacionalismo burgués catalán. Nosotros contestamos: No. La burguesía de una nación oprimida como Catalunya, lucha contra la opresora y nosotros somos los enemigos más intrépidos y consecuentes de la opresión.

Que CiU y ERC tengan un papel dirigente en el actual movimiento de emancipación nacional, introduce inevitablemente contradicciones de clase. Pero esto no disminuye en nada el carácter progresista, revolucionario y democrático de la lucha nacional catalana contra el imperialismo burgués, la soberanía española y el centralismo burocrático.

No se puede perder de vista ni por un momento que España entera y Cataluña, como parte constituyente de ese país, actualmente, están gobernadas, no por nacionales demócratas catalanes, sino por burgueses imperialistas españoles, aliados a los grandes latifundistas, a los viejos burócratas y a los generales, con el apoyo de los socialistas nacionales. Toda esta cofradía tiene la intención de mantener, por una parte, la servidumbre de las colonias españolas, y, por otra, asegurar el máximo de centralización burocrática de la metrópoli, Madrid; es decir, quiere el aplastamiento de los vascos, los catalanes y de las otras nacionalidades por la burguesía española. Dada la combinación presente de fuerzas de clase, el nacionalismo catalán es un factor revolucionario progresista en la fase actual. El nacionalismo español es un factor imperialista reaccionario. El español que no comprenda esta distinción, que la ignore, que no la valore en primer plano, que, por el contrario, se esfuerce por minimizar su importancia, corre el peligro de convertirse en agente inconsciente de la burguesía española, y de estar perdido para siempre para la causa de la revolución proletaria.

El peligro de toda cuestión nacional es que se divida a la clase trabajadora española y catalana, que por motivos de clase comparten las mismas penurias de explotación y precariedad. El peligro es muy serio. Sin embargo, los españoles pueden combatir la división con éxito, pero de una sola manera: denunciando implacablemente las violencias cometidas por la burguesía de la nación soberana y opresora, España, y ganando así la confianza de los trabajadores de las nacionalidades oprimidas como Catalunya y Euskadi. Una política distinta equivaldría a sostener al nacionalismo reaccionario de la burguesía imperialista que es dueña del país, en contra del nacionalismo revolucionario y democrático de la pequeña burguesía de una nacionalidad oprimida.

Si no lanzamos ni propugnamos en la agitación la consigna del derecho a la separación, favorecemos no sólo a la burguesía, sino a los feudales y el absolutismo de España. Si por temor de ayudar a la burguesía nacionalista catalana, se niega el derecho a la separación; a quien se está ayudando, en realidad, es a los españoles ultrarreaccionarios.

Llevada la lucha contra el nacionalismo catalán, la izquierda española ha olvidado el nacionalismo español, aunque precisamente este nacionalismo es ahora el más temible; es precisamente un nacionalismo menos burgués, pero más feudal. Éste es precisamente el mayor freno para la democracia y la lucha proletaria. En todo nacionalismo burgués de una nación oprimida como la catalana, hay un contenido democrático general contra la opresión, y a este contenido le debemos prestar un apoyo incondicional.

Tomemos la posición de la nación opresora. ¿Puede acaso ser libre un pueblo que oprime a otros pueblos? No. Sabido es que los terratenientes españoles, apoyados por el clero y la oligarquía española predican la guerra contra Catalunya si ésta no se somete a la nación española; y como Catalunya es mucho más débil que España, como ya ha sufrido una invasión española y como la aristocracia española tiene un peso muy considerable en su país, esta prédica es una amenaza muy seria para el pueblo catalán. Sin embargo, las masas españolas han sido corrompidas por su burguesía imperialista, exhortándolas a proceder con prudencia y moderación ante la cuestión nacional, que esto de la autodeterminación no es de derecho para Catalunya y difundiendo mentiras sobre los peligros de la disgregación del Estado español, la oligarquía les aseguró que la libertad popular es compatible con los principios de la aristocracia sobre la unidad nacional española.

La larga historia, la secular historia de represión de los movimientos independentistas, la propaganda sistemática de esta represión por parte de las altas clases burguesas españolas, han creado enormes obstáculos a la causa de la libertad del mismo pueblo español  en sus prejuicios por la cuestión nacional.

Los ultrarreaccionarios españoles apoyan conscientemente estos prejuicios y los atizan. El proletariado español no puede alcanzar sus fines, no puede desbrozar para sí el camino hacia la libertad sin luchar sistemáticamente contra estos prejuicios. Debe borrar de sus luchas el mantenimiento de la unidad nacional española.

Formar un Estado nacional autónomo e independiente sigue siendo por ahora, en España, tan sólo privilegio de la nación española. Los proletarios españoles, no deberían defender privilegios de ningún género y tampoco este privilegio.

Cierto es que Catalunya está ligada a España por lazos geográficos, económicos y lingüísticos no menos estrechos que los lazos que unen a muchas naciones. Pero la unión de Catalunya a España no fue voluntaria, de modo que izquierda española habla de federación completamente en vano, sencillamente porque no sabe qué decir. Catalunya fue vencida por España en 1714 por los Borbones absolutistas, contra la voluntad de los catalanes, y el Estado español no dejó de enviar a Catalunya tropas para someterla. Catalunya fue sometida a las leyes y costumbres de Castilla por decisiones de monarcas; negando así la soberanía catalana y aplastando durante tres cientos años su lengua y cultura. A pesar de la autonomía que goza Catalunya actualmente, el pueblo catalán sigue luchando para quitarse de encima a la oligarquía española, que la oprime culturalmente y económicamente.

A pesar de esto, las masas españolas siguen defendiendo tesis imperialistas, utilizando la lucha de clases para hacer una lucha étnica contra catalanes y vascos, promovida como es evidente por la aristocracia española.

Es necesario hoy más que nunca no solo que las clases trabajadoras catalanas se sumen por completo al proyecto independentista sino que además la clase trabajadora española lo fomente. Entre la clase trabajadora no puede haber ni opresores y oprimidos y la libre federación de pueblos, la cooperación entre los pueblos ibéricos solo puede pasar por la emancipación de Catalunya y la construcción de un baluarte defensivo en la República Catalana contra la oligarquía, los terratenientes y la monarquía española.

La apreciación del conflicto catalán y de las posibilidades que se desprenden debe partir del hecho de que Catalunya representa hoy incontestablemente la más fuerte posición de las fuerzas de la izquierda. Con una política justa, la vanguardia de izquierdas podría utilizar este bastión defensivo como punto de partida hacia una revolución española y europea.

Es decir, la independencia no debe servir solo para cambiar España, sino también Europa. Debe servir para reformular la Unión Europea. Ésta jamás debería formarse con los Estados tales como están constituidos hoy, debe haber un proceso de emancipación nacional y ruptura de los actuales Estados-Nación. Se debe reemplazar la antigua organización fundada de arriba a abajo sobre la violencia y sobre el principio de la autoridad, por una organización nueva que no tenga otra base que los intereses, las necesidades, y las atracciones naturales de los pueblos.

En consecuencia, abandono absoluto de todo lo que se llama derecho histórico de los Estados; todas las cuestiones relativas a las fronteras naturales, políticas, estratégicas, comerciales, deberán ser consideradas en lo sucesivo como pertenecientes a la historia antigua y rechazadas con energía por todos. Reconocimiento pues, del derecho absoluto de toda nación, grande o pequeña, de todo pueblo, débil o fuerte, a su independencia.

Del hecho de que un país haya constituido parte de un Estado, aunque se hubiera agregado libremente a él, no se desprende de ningún modo la obligación de quedar asociado siempre a ese Estado. Ninguna obligación perpetua podría ser aceptada por la justicia humana, la única que puede constituir autoridad entre nosotros, y no reconoceremos nunca otros derechos y otros deberes que los que se fundan en la libertad. El derecho de la libre reunión y de la secesión igualmente libre es el primero, el más importante de los derechos políticos; sin él la confederación europea no sería más que una centralización enmascarada de la oligarquía.

Catalunya puede convertirse en el eje de la revolución. La conquista de la independencia de Catalunya debe ser la base para el cambio. Es urgente pues, sumar el máximo de gente al independentismo catalán si no se quiere que esta situación clave acabe, por nuestros errores, en una nueva derrota que podría ser decisiva por mucho tiempo.

Adapción discursiva basada en:

https://www.marxists.org/espanol/trotsky/rev-espan/1931abr-may.htm

https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/derech.htm

http://metalmadrid.cnt.es/cultura/libros/mijail-bakunin-federalismo-socialismo-y-antiteologismo.pdf

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