Contra el Lerroux de Podemos, medicina de Lenin

Últimamente he visto cómo Podemos en Catalunya ha asumido el discurso de Lerroux. Éstos vienen descontentos de ICV-EUiA por el ala soberanista y ansiaban un partido de izquierdas genuinamente español.

Con la aparición de Podemos los lerrouxistas invaden el partido y se hacen con el control del discurso. Éstos se consideran de izquierdas, sin embargo, son marcados por un profundo nacionalismo español, a pesar de tener la osadía de autodenominarse no-nacionalistas.

El argumento de Lerroux es sencillo, pero no tan sencillo como para resumirlo en un anti-CiU. El esquema mental del lerrouxista es que lo proletario, lo humilde, corresponde al cinturón rojo de Barcelona y como éste es de origen español, lo proletario es español; mientras que lo burgués es catalán. El discurso de Lerroux utiliza la lucha de clases para hacer una lucha étnica de lo español contra lo catalán. Favoreciendo así a los ultrareaccionarios de la nación opresora y siendo muy útil para la oligarquía española.

Éstos argumentan que la independencia es cosa de la burguesía catalana, lo piensan, no porque sepan qué burguesía hay detrás de la independencia, sino porque su esquema mental les lleva a pensar eso; y a pesar de la evidencia de que toda la burguesía catalana está en contra de la independencia, éstos se niegan a creer el hecho y acaban asimilando a CiU con la burguesía; y en definitiva al proyecto independentista con CiU.

Bien, esto lo hacen de forma consciente o inconsciente pero seguro que de forma interesada, porque su objetivo es étnico. Es importante por ello combatir el discurso de Lerroux para evitar una división en Catalunya determinada por el origen (español o catalán) que es lo que pretenden, ya que como ellos tienen un Estado detrás, el español, tienen las de ganar para hacer su limpieza étnica y españolizar Catalunya.

Para combatir el argumento de Lerroux, el que dice que la independencia de Catalunya solo beneficiará a la burguesía catalana, el mismo que empleaba Rosa Luxemburgo contra la independencia de Polonia, no hay mejor medicina que Lenin. Así pues, dejo a continuación unos fragmentos de Lenin que sirven para aplastar argumentalmente a Lerroux:

Fragmentos de “El derecho de las naciones a la autodeterminación” de Lenin (1914)

El caso de Polonia

Se nos dice: apoyando el derecho a la separación, apoyáis el nacionalismo burgués de las naciones oprimidas. […]

Nosotros contestamos: no. […] La burguesía de una nación oprimida lucha contra la opresora, nosotros estamos siempre, en todos los casos y con más decisión que nadie, a favor, ya que somos los enemigos más intrépidos y consecuentes de la opresión.

[…] Si no lanzamos ni propugnamos en la agitación la consigna del derecho a la separación, favorecemos no sólo a la burguesía, sino a los feudales y el absolutismo de la nación opresora. Hace tiempo que Kautsky empleó este argumento contra Rosa Luxemburgo, y el argumento es irrefutable. En su temor de “ayudar” a la burguesía nacionalista de Polonia, Rosa Luxemburgo niega el derecho a la separación […] y a quien ayuda, en realidad, es a los rusos ultrarreaccionarios. Ayuda, en realidad, al conformismo oportunista con los privilegios (y con cosas peores que los privilegios) de los rusos.

Llevada de la lucha contra el nacionalismo en Polonia, Rosa Luxemburgo ha olvidado el nacionalismo de los rusos, aunque precisamente este nacionalismo es ahora el más temible; es precisamente un nacionalismo menos burgués, pero más feudal; es precisamente el mayor freno para la democracia y la lucha proletaria. En todo nacionalismo burgués de una nación oprimida hay un contenido democrático general contra la opresión, y a este contenido le prestamos un apoyo incondicional.

[…] Tomemos la posición de la nación opresora. ¿Puede acaso ser libre un pueblo que oprime a otros pueblos? No. Los intereses de la libertad de la población rusa exigen que se luche contra tal opresión. La larga historia, la secular historia de represión de los movimientos de las naciones oprimidas, la propaganda sistemática de esta represión por parte de las “altas” clases han creado enormes obstáculos a la causa de la libertad del mismo pueblo ruso en sus prejuicios, etc.

Los ultrarreaccionarios rusos apoyan conscientemente estos prejuicios y los atizan. La burguesía rusa transige con ellos o se amolda a ellos. El proletariado ruso no puede alcanzar sus fines, no puede desbrozar para sí el camino hacia la libertad sin luchar sistemáticamente contra estos prejuicios.

Formar un Estado nacional autónomo e independiente sigue siendo por ahora, en Rusia, tan sólo privilegio de la nación rusa. Nosotros, los proletarios rusos, no defendemos privilegios de ningún género y tampoco defendemos este privilegio.

[…]

El caso de Suecia

Noruega está ligada a Suecia por lazos geográficos, económicos y lingüísticos no menos estrechos que los lazos que unen a muchas naciones. Pero la unión de Noruega a Suecia no era voluntaria, de modo que Rosa Luxemburgo habla de “federación” completamente en vano, sencillamente porque no sabe qué decir. Noruega fue entregada a Suecia por los monarcas durante las guerras napoleónicas, contra la voluntad de los noruegos, y los suecos hubieron de llevar a Noruega tropas para someterla.

Después de eso hubo durante largos decenios, a pesar de la autonomía de extraordinaria amplitud de que gozaba Noruega constantes roces entre Noruega y Suecia, y los noruegos procuraron con todas las fuerzas librarse del yugo de la aristocracia sueca. En agosto de 1905 se liberaron por fin: la Dieta noruega decidió que el rey de Suecia dejara de ser rey de Noruega, y el referéndum del pueblo noruego, celebrado más tarde, dio una aplastante mayoría de votos (cerca de doscientos mil, contra algunos centenares) a favor de la completa separación de Suecia. Los suecos, después de algunas vacilaciones, se resignaron con la separación.

Este ejemplo nos muestra en qué terrenos son posibles y se producen casos de separación de naciones, manteniéndose las relaciones económicas y políticas contemporáneas, y qué forma toma a veces la separación en un ambiente de libertad política y democracia.

[…] ¿Cuál fue y debió ser la posición del proletariado noruego y sueco en el conflicto motivado por la separación? Los obreros conscientes de Noruega, desde luego, hubieran votado después de la separación por la República, y si hubo socialistas que votaron de otro modo, eso no demuestra sino que hay a veces mucho oportunismo obtuso, pequeñoburgués, en el socialismo europeo.

[…]Es indiscutible que el proletariado noruego debía haber ido contra esa aristocracia, por una democracia campesina noruega (aun con toda la estrechez de miras pequeñoburguesas de esta última).

¿Y el proletariado sueco? Sabido es que los terratenientes suecos, apoyados por el clero sueco, predicaban la guerra contra Noruega; y como Noruega es mucho más débil que Suecia, como ya había sufrido una invasión sueca, como la aristocracia sueca tiene un peso muy considerable en su país, esta prédica era una amenaza muy seria. Puede asegurarse que los Kokoshkin suecos corrompieron larga y empeñadamente a las masas suecas, exhortándolas a “proceder con prudencia” en lo referente a las “fórmulas elásticas de la autodeterminación política de las naciones”, pintándoles los peligros de “disgregación del Estado” y asegurándoles que la “libertad popular” es compatible con los principios de la aristocracia sueca.

[…] La estrecha unión de los obreros noruegos y suecos y su plena solidaridad de camaradas de clase ganaban, al reconocer de este modo los obreros suecos el derecho de los noruegos a la separación. Porque los obreros noruegos se convencían de que los obreros suecos no estaban contagiados de nacionalismo sueco, de que la fraternidad con los proletarios noruegos estaba, para ellos, por encima de los privilegios de la burguesía y de la aristocracia suecas.

ANEXO: Comentarios de anónimo

Os dejo también a continuación los dos comentarios anónimos de abajo para ampliar sobre la cuestión:

Es importante recalcar que el lerrouxismo es un fenómeno nacionalista, rozando lo xenófobo y de derechas porque hay que recordar que cuando Lerroux todavía tenía predicamento entre los obreros, el 100% de la clase obrera de Cataluña era catalanoparlante, y de hecho, muchos ni siquiera sabían castellano. Por tanto no es más que una pura ideología españolista y no se corresponde con ninguna realidad.

De todas maneras, hay otra cosa en la que Lenin nos puede ayudar: la dialéctica. Resulta que en Cataluña hay más contradicciones, en el sentido marxista del término, que en otros territorios del estado, y además se ha visto que esas contradicciones van juntas en un grado bastante grande. Podemos no ha hecho una lectura de estas contradicciones, por lo cual la realidad se los va a llevar por delante. Por ejemplo, ahora que van a condenar a Mas, ¿qué va a hacer Podemos? El discurso actual que llevan, que básicamente viene a decir que la movilización de la mitad de las masas catalanas, en su mayoría parte de las clases populares, (y hay que acordarse de que el proletariado industrial no sólo fue catalanoparlante durante más de un siglo, ya que la revolución industrial empezó en 1833 en Catalunya, lo que quiere decir que hay una unidad y una continuidad fundamental del proletariado catalán más allá de lenguas y de orígenes familiares; sino que además en un país desindustrializado no tiene demasiado sentido insistir en el cinturón “rojo”, hoy en día más bien cinturón despolitizado – la precariedad y el “sector servicios” está lleno de catalanoparlantes, a parte de que la región más pobre del país son las Terres de l’Ebre), el discurso de que las clases populares catalanoparlantes son “casta”, y de que hay que dividir al pueblo en dos, no le va a llevar a ninguna parte y se va a encontrar con un rechazo frontal.

Hay que tener confianza en las multitudes y trabajar por la unidad de las clases trabajadoras de Cataluña, trabajar por ella en los hechos, y no esperar que la política se haga en la tele y en las urnas sin contar con las masas y encima dividiéndolas y despreciando su movilización bajo el nombre absurdo de “Artur Mas”. Ahora ya sabemos que cuando Pablo Iglesias habla de “pueblo” no se refiere al “pueblo-clases populares” sino al “pueblo-nacional”, con lo cual ya sabemos que es un derechista (al igual que muchos elementos de esa CiU que tanto critica por otra parte) y que no da para más.

Sencillamente es que los profesores universitatios de Podemos se han equivocado al leer la situación catalana y han despreciado la composición de las clases populares. Allá ellos.

En fin, sabemos cosas: que la independencia haría más débil a la burguesía española, que haría más débil a la burguesía catalana (que siempre había podido confiar en la maquinaria del estado Español para parar las revoluciones que ese proletariado del siglo XIX les montaba) y que nos dejaría una república sin industria y sin agricultura que tendría que desarrollarse, lo cual es un buen panorama para el socialismo. La verdad de la política popular se llevará por delante la palabrería televisiva del carterista político numero uno, del felipista de González y de Borbón, del pseudoizquierdista que ha tomado el camino de la derecha y del paternalismo contra las multitudes.

Es más: cuando se dice que la independencia de Cataluña es “egoismo” lo que se está haciendo, como dice Lenin, es defender a las clases dominantes del sur de España, que han mantenido a su pueblo en la pobreza y que enciman lo engañan levantándolo contra las zonas que se industrializaron en su día. No hay que caer en la trampa: hay que aprovechar la ocasión para vencer al caciquismo.

Además, la independencia de Cataluña debe servir de pieza clave en el fin de Europa: un aliado potente y con un buen puerto, que durante un tiempo lo quiera o no se quedará en el limbo fuera de la UE, tiempo clave en el que los estados de la UE que quieran girar a la izquierda podrán aprovechar para alejarse del desastre merkeliano. Entonces se podrá dar el federalismo verdadero: Grecia con Euskadi, Andalucía con Italia, sin matones imperialistas de por medio, sin estados caciquiles que metan la cuchara: con un poco de optimismo podría ser el embrión de la nueva URSS del sur de Europa.

3 comentarios en “Contra el Lerroux de Podemos, medicina de Lenin

  1. Es importante recalcar que el lerrouxismo es un fenómeno nacionalista, rozando lo xenófobo y de derechas porque hay que recordar que cuando Lerroux todavía tenía predicamento entre los obreros, el 100% de la clase obrera de Cataluña era catalanoparlante, y de hecho, muchos ni siquiera sabían castellano. Por tanto no es más que una pura ideología españolista y no se corresponde con ninguna realidad.

    De todas maneras, hay otra cosa en la que Lenin nos puede ayudar: la dialéctica. Resulta que en Cataluña hay más contradicciones, en el sentido marxista del término, que en otros territorios del estado, y además se ha visto que esas contradicciones van juntas en un grado bastante grande. Podemos no ha hecho una lectura de estas contradicciones, por lo cual la realidad se los va a llevar por delante. Por ejemplo, ahora que van a condenar a Mas, ¿qué va a hacer Podemos? El discurso actual que llevan, que básicamente viene a decir que la movilización de la mitad de las masas catalanas, en su mayoría parte de las clases populares, (y hay que acordarse de que el proletariado industrial no sólo fue catalanoparlante durante más de un siglo, ya que la revolución industrial empezó en 1833 en Catalunya, lo que quiere decir que hay una unidad y una continuidad fundamental del proletariado catalán más allá de lenguas y de orígenes familiares; sino que además en un país desindustrializado no tiene demasiado sentido insistir en el cinturón “rojo”, hoy en día más bien cinturón despolitizado – la precariedad y el “sector servicios” está lleno de catalanoparlantes, a parte de que la región más pobre del país son las Terres de l’Ebre), el discurso de que las clases populares catalanoparlantes son “casta”, y de que hay que dividir al pueblo en dos, no le va a llevar a ninguna parte y se va a encontrar con un rechazo frontal.

    Hay que tener confianza en las multitudes y trabajar por la unidad de las clases trabajadoras de Cataluña, trabajar por ella en los hechos, y no esperar que la política se haga en la tele y en las urnas sin contar con las masas y encima dividiéndolas y despreciando su movilización bajo el nombre absurdo de “Artur Mas”. Ahora ya sabemos que cuando Pablo Iglesias habla de “pueblo” no se refiere al “pueblo-clases populares” sino al “pueblo-nacional”, con lo cual ya sabemos que es un derechista (al igual que muchos elementos de esa CiU que tanto critica por otra parte) y que no da para más.

    Sencillamente es que los profesores universitatios de Podemos se han equivocado al leer la situación catalana y han despreciado la composición de las clases populares. Allá ellos.

    En fin, sabemos cosas: que la independencia haría más débil a la burguesía española, que haría más débil a la burguesía catalana (que siempre había podido confiar en la maquinaria del estado Español para parar las revoluciones que ese proletariado del siglo XIX les montaba) y que nos dejaría una república sin industria y sin agricultura que tendría que desarrollarse, lo cual es un buen panorama para el socialismo. La verdad de la política popular se llevará por delante la palabrería televisiva del carterista político numero uno, del felipista de González y de Borbón, del pseudoizquierdista que ha tomado el camino de la derecha y del paternalismo contra las multitudes.

  2. Es más: cuando se dice que la independencia de Cataluña es “egoismo” lo que se está haciendo, como dice Lenin, es defender a las clases dominantes del sur de España, que han mantenido a su pueblo en la pobreza y que enciman lo engañan levantándolo contra las zonas que se industrializaron en su día. No hay que caer en la trampa: hay que aprovechar la ocasión para vencer al caciquismo.

    Además, la independencia de Cataluña debe servir de pieza clave en el fin de Europa: un aliado potente y con un buen puerto, que durante un tiempo lo quiera o no se quedará en el limbo fuera de la UE, tiempo clave en el que los estados de la UE que quieran girar a la izquierda podrán aprovechar para alejarse del desastre merkeliano. Entonces se podrá dar el federalismo verdadero: Grecia con Euskadi, Andalucía con Italia, sin matones imperialistas de por medio, sin estados caciquiles que metan la cuchara: con un poco de optimismo podría ser el embrión de la nueva URSS del sur de Europa.

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