El régimen no comenzó en el 78, continuó en el 78.

Tras la muerte de Franco a finales del 75, España podría haber vivido un periodo de inestabilidad porque la figura que sostenía al régimen dictatorial murió, pero no fue así. Franco dejó todo atado y bien atado, tenía un mandato para su heredero Don Juan Carlos de Borbón: mantener a la finca unida, España, y el control sobre el poder.

La transición fue un pacto para evitar la inestabilidad, un pacto de silencio, un pacto de amnistía criminal que perdonaba todos los crímenes del franquismo. La transición fue el pacto de la élite franquista y la élite económica para constituir un régimen con diques que debían sostener el privilegio de la oligarquía.

Las élites se apresuraron para hacer un golpe de Estado. Éstas sabían que el golpe debía ser disimulado; si querían estabilidad, el engaño debía ser perfecto. Y así fue, la élite franquista con la élite económica se reunieron con los nuevos partidos para pactar una Constitución en secreto, sin un proceso constituyente, sin unas elecciones constituyentes, el pueblo jamás eligió unos diputados para la redacción de una Constitución, fue un golpe de Estado en toda regla, se pactó una Constitución con el ejército detrás. Ni siquiera hubo la posibilidad de hacer campaña en contra, ni siquiera de proponer algo mejor o distinto, el refrendo de la constitución era una votación envenenada, era votar sí o volver atrás; a la ciudadanía no le quedaba otra.

El pueblo no pudo elegir representantes para redactar una constitución, no pudo escoger nada distinto ni mejor a eso. Este golpe de Estado lo da el poder franquista representado por el señor Suarez, Gutiérrez Mellado y Fraga; y el poder político representando por Felipe González, Santiago Carrillo y Tarradellas. Los padres de la Constitución fueron ni más ni menos que representantes de esta casta, que a la vez estaba vigilada por el poder económico. Euskadi quedó al margen de las negociaciones, pero el mandato exigido por Borbón por herencia de Franco era claro, la finca debía estar unida para servir a la patria, es decir, para servirles a ellos. Por lo tanto, Euskadi fue incorporada a España con privilegios y Catalunya vendida para el mantenimiento de los privilegios de la burguesía catalana. El golpe de Estado fue disimulado, el engaño perfecto y la Constitución fue pactada en secreto precisamente para mantener el dominio sobre lo que había.

Se constituyó un régimen de poder basado en los partidos políticos, títeres al servicio de la oligarquía financiera y empresarial. El Parlamento español no tiene poder alguno, el poder está fuera de los partidos, éstos están dominados por las seis personas más poderosas de España, que a la vez, controlan una malla cada vez más grande de empresas con control oligopolístico del mercado.

Según la Constitución española, España es una monarquía parlamentaria, sin embargo, eso es completamente falso, porque el poder no está en el Parlamento, España es una monarquía oligárquica. La función del rey es la de moderador, ¿de qué? Del poder efectivamente, de la oligarquía. La prueba de que España es una oligarquía es que el valor supremo que se vende y se defiende es el consenso.

El consenso es algo tan antidemocrático y medieval que viene directamente de la casta de la Iglesia católica. Toda oligarquía necesita del consenso para blindar privilegios y evitar la competencia entre ellos, toda oligarquía necesita del consenso para mantener el dominio de poder, y ahí, el papel moderador del rey es clave.

En España los ciudadanos no eligen nada. Las oligarquías del Estado mediante el poder concedido a los partidos políticos dieron unas libertades a la ciudadanía, pero unas libertades limitadas. Lo importante de estas libertades es su procedencia; en una democracia, las libertades surgen del poder popular, de abajo a arriba, en España fue al revés, fue una simple concesión del poder. Por eso mismo, no es normal ni hacer consultas en España, para la élite, la libertad es una concesión, no un derecho.

En España solo es posible cambiar la cuota de poder de los partidos, pero los ciudadanos no pueden escoger nada. Las libertades en España son para que hables de lo que quieras pero realmente no puedas escoger nada, no tengas derecho a decidir nada más que la cuota de poder de los partidos del régimen. España es de hecho un régimen neofranquista.

Todo partido que vaya al Congreso refuerza al sistema. El sistema no se puede cambiar desde dentro, el blindaje es total, la estructura organizativa de esta oligarquía se encuentra en el Estado. Italia, por ejemplo, es cierto que tiene un problema con la mafia, pero en España la mafia está en el Estado, por lo tanto, España tiene un problema con el Estado.

El problema es el Estado, toda la estructura, no el partido que gobierna, eso es solo una cuota de poder concedida para permitir ciertos cambios que no perjudiquen jamás a la verdadera oligarquía. A la oligarquía no le supone ningún problema que desaparezcan partidos, como desapareció UCD, tampoco le supondría un problema que desaparecieran el PP y el PSOE, todo lo que pase por su tablero de juego, todo lo que pase por el Congreso, está bajo su control, se llame Podemos o Izquierda Unida. La única forma de acabar con la oligarquía es acabar con el Estado que la sustenta.

El sistema de partidos en España representa a los diques que permiten la protección a la oligarquía, Fraga con el PP fue el dique por la derecha; mientras que Izquierda Unida fue el dique por la izquierda, con el PSOE dentro como dique extra por la izquierda para controlar el débil poder de contención de Izquierda Unida. Estos eran los guardianes, los porteros para que la izquierda no entrara y rompiera a la oligarquía que había dentro. Era todo un buen sistema de poder.

Acontecimientos recientes destrozaron por completo los diques por el flanco izquierdo; Izquierda Unida se sumaba a un discurso revolucionario por la crisis económica, el PSOE se hundía y su poder se debilitaba, la oligarquía estaba en peligro. Era necesario recomponer el dique de poder por la izquierda, era necesario canalizar el discurso revolucionario, era necesario vaciar las calles, era necesario reconducir todo a un proyecto reformista, algo que hiciera entrar todo al marco constitucional, a la legalidad neofranquista, al tablero de juego de la oligarquía. Aquí surge Podemos, el engaño reformista que debe canalizar todo discurso revolucionario, todo discurso que pudiera poner el peligro a la verdadera casta, a una vía reformista. No importa si desaparecen PP y PSOE, si la ciudadanía piensa que eliminando al PP y el PSOE ganan a la casta, mientras siga el régimen de poder, no importa, como pasó con UCD, que desaparezcan.

Antes de Podemos ya surgieron parches menores, UPyD y C’s son esos parches. C’s por ejemplo fue un proyecto de la élite financiera, debía canalizar todo a la vía de la reforma constitucional. Con estos se probaron diferentes estrategias de márquetin, discursos, eslóganes, buenos oradores… que culminaron en la creación de Podemos.

C’s es un caso especial, pues su creación fue distinta a la de Podemos, aunque fuera utilizado después de la misma forma pero con una visión más a la derecha. C’s fue creado para detener al independentismo, debía ser una suma del ala moderada de CiU y absorber a un PSC demasiado catalanista. El invento no salió bien del todo, sí es cierto que PSC recondujo su discurso, ahora orientado a una estafa reformista y a un eterno diálogo, el habla lo que quieras pero no decidas nada; pero quien más perdió fue el PP, ya que C’s absorbía el voto del PP principalmente.

Igualmente era una herramienta útil, y tanto Podemos como C’s son promocionados a través de la casa de Lara Bosch, uno de los oligarcas de España, cuyo vasallaje está bajo la dirección de la Caixa, el Banco Sabadell y el Santander, junto otras, como Telefónica y Repsol.

El objetivo es claro: proteger el régimen de poder, proteger a la oligarquía. Toda voz de cambio debe ser reconducida a la vía reformista, el Estado no debe saltar por los aires, si lo hace, la oligarquía pierde.

En España no hay democracia, es un régimen de poder; ni siquiera hay separación de poderes. Que España se defina como un Estado democrático, de derecho y social, no quiere decir nada, ninguna garantía social existe, ninguna libertad democrática puede existir en este régimen de poder. El Estado de Derecho en España no es garantía de nada, durante la dictadura franquista España era un Estado de derecho, la Unión Soviética era un Estado de derecho, allí dónde hay un ordenamiento jurídico general hay un Estado de derecho y esto no define nada. De hecho, fueron las monarquías absolutas las que inventaron el Estado de derecho.

Por lo tanto, el hecho de que España se autodefina como Estado de derecho, social y democrático no nos dice nada del régimen, en términos de poder ¿qué es España? Un régimen oligárquico blindado a través de las instituciones del Estado con unas reglas de juego prestablecidas, una red de poder e influencia creada que no permitirá jamás bajo la reforma interna un cuestionamiento de los privilegios de los poderosos.

Sin embargo, el independentismo amenaza con hacer saltar por los aires al Estado. Según el “pequeño Nicolás” el independentismo es el peligro principal del Estado, es decir, de la oligarquía. El independentismo es la bomba incontrolable que puede hacer saltar por los aires el régimen de poder. No es de extrañar, pues, todo el esfuerzo que hace el Estado para que no se produzca una revolución en Cataluña. El 9N fue el primer acto de desobediencia, la oligarquía se da cuenta que no controla la situación. La burguesía catalana pide un nuevo pacto del 78 para volverse a blindar, Duran i Lleida y el PSC intentan vender una reforma constitucional para volver al sistema de diques, no entienden que CDC pretenda poner en peligro unos privilegios que no están garantizados en una Catalunya independiente que inevitablemente debe pasar por un proceso constituyente de base popular por el que España jamás pasó.

El régimen agoniza, su supervivencia depende hoy de si el independentismo es mayoritario en el pueblo catalán.

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