La libertad, la igualdad y la seguridad

¿Qué es la libertad? ¿Qué es la igualdad y la seguridad? ¿Cómo se contraponen a la libertad?Entender tales principios que hoy parecen incuestionables es fundamental para comprender la existencia de la injusticia social, el dominio y las relaciones de poder aún existentes. libertad

 Autonomía

La autonomía es el principio originario natural e innato del ser humano que le permite discernir y tomar decisiones por sí mismo sin depender del resto. La autonomía responde a la independencia del mismo individuo, es la máxima expresión de la libertad.

Este principio fundamenta los derechos humanos, sin embargo, el ser humano, a pesar de todo, no ha sido siempre autónomo, ha tenido que luchar contra el constante sometimiento y la implacable dominación de fuerzas contrarias a su libre albedrío, ha habido periodos de esclavitud, de moral impuesta, de códigos de conducta, de convencionalismos sociales y de castigos al diferente. El principio a la autonomía es contrapuesto a la dominación y a la negación de la existencia del otro. La lucha contra la esclavitud representa la lucha por la autonomía personal. A un ser capacitado de voluntad propia le resulta inevitable luchar por su propia autonomía.

Nadie podrá alcanzar la felicidad si no es de forma autónoma, es decir, libre.

Sin embargo, la autonomía personal no implica un grado de libertad amplio para el desarrollo de la voluntad: La genética y la socialización determinan la autonomía de un individuo que además viene condicionada por un contexto físico y un contexto social.

A través de esta autonomía se genera una voluntad condicionada por unas preferencias y capacidades limitadas. En consecuencia, esta voluntad vendrá limitada por la sociedad, por cosas que nos permiten o no hacer y que al final se acabará materializando en una acción o no acción. Solo las limitaciones del contexto físico, las capacidades individuales, la genética y la socialización son condicionantes ajenos a la naturaleza de la libertad humana de toda sociedad, que afectan de forma directa a la autonomía y a la voluntad. La clave es que una (no) acción ejerce una influencia en el colectivo que no solo condiciona y determina la libertad de uno mismo sino también la de los demás, ya sea de forma directa o indirecta.

Una limitación directa de la libertad viene a través de la misma voluntad de otro individuo, la voluntad de un individuo de limitar la libertad de otro para expandir la propia: La prohibición directa sería un tipo de limitación directa. Sin embargo, una limitación indirecta viene a surgir de la autonomía y no de la voluntad de limitar la libertad de otro, es decir, indirectamente en uso de nuestra libertad limitamos sin querer la libertad de otros. Por ejemplo, si hacemos uso de un bolígrafo no lo hacemos con la voluntad de limitar a otros la libertad de poder utilizar ese mismo bolígrafo, sino que en uso de nuestra autonomía lo utilizamos limitando indirectamente la libertad de otro.

La opresión directa, entendida como limitación directa que oprime la libertad de uno, se contrapone a la concepción de libertad negativa explicada por Isaiah Berlin. La libertad negativa se entiende como la ausencia de opresión directa, definida como de impedimentos externos.

Libertad significa, propiamente, ausencia de oposición; por oposición quiero decir impedimentos externos del movimiento (…) Un hombre libre es aquel que, en aquellas cosas que puede hacer en virtud de su propia fuerza e ingenio, no se ve impedido en la realización de lo que tiene voluntad de llevar a cabo.

Hobbes 1651:187

La libertad como mecanismo

La libertad resulta un principio fundamental para los autores liberales, así pues, la corriente liberal surge como una lucha contra el absolutismo, reafirmando el principio de la libertad como fundamental, incluyendo en algunos casos el de la igualdad e instaurando un sistema basado en el individualismo, la propiedad privada y los derechos individuales. Sin embargo, el mismo concepto y la base fundamental del liberalismo podrían estar mal fundamentados, pues éste nace de la idea dogmática de libertad, se asume la libertad como un principio fundamental en contraposición de la interferencia, pero jamás se analiza su verdadera naturaleza.

Muchos son los autores que han intentado definir con escaso éxito el principio de la libertad, probablemente el más lúcido en éste campo sea Isaiah Berlin en su discurso sobre la diferenciación entre libertad positiva y libertad negativa. Sin embargo,  no deja de ser sorprendente la multiplicidad de concepciones de la libertad.

Tomando como referencia a Berlin, podemos viajar al pensamiento de Nietzsche para poder encontrar la idea de libertad positiva impregnada en sus escritos, el ideal de hacer de la voluntad del hombre un hecho, la libertad como posibilidad de acción, realización de su propio ser, pero que encuentra sus vicios paradójicamente tiranos en el hombre que se impone al resto.

Hobbes, aunque conocido como un defensor del absolutismo en su magnífica obra el Leviatán, es sin duda el padre de la concepción liberal de la libertad, el que puso las raíces para que posteriormente Isaiah Berlin recogiera los frutos de un ideal que llegó a definirse como dos libertades, la negativa y la positiva. La libertad negativa es aquella defendida por los autores liberales. La libertad negativa se entiende como la falta de interferencia, la falta de coacción a las preferencias y voluntades de los individuos, cosa distinta es la posibilidad de ejecutarlas.

Para Hobbes, el verdadero precursor del liberalismo, el que puso al hombre subordinado a los derechos naturales y no a leyes metafísicas como hace Aristóteles dice que el hombre nace libre e igual; es decir, debe entenderse que la primera concepción diferenciada es la igualdad innata considerada como ausencia de desigualdad a la hora de poder ejecutar todo deseo de voluntad en el hombre natural. El hombre es diferente pero esta diferencia no genera desigualdad a priori, todos tienen la misma oportunidad de poder ejecutar sus deseos, ya que la diferencia no es equivalente a la desigualdad. La igualdad de oportunidades se haya en este principio rector de la filosofía de Hobbes. Ésta se haya en la forma natural del ser. El estado de naturaleza es un estado de igualdad y libertad ‘donde cada uno tiene derecho natural a hacer cuanto desee; su derecho se mide por su poder.’[1]

La libertad negativa respondía a la concepción de Hobbes de libertad. Por el otro lado, la libertad positiva se refiere a la capacidad del individuo de ser amo de su voluntad y por lo tanto, de ser autónomo en su máxima concepción. Pero esta libertad lleva a los hombres o a usar su libertad para estar por encima de todos.

La libertad positiva entendámosla como la libertad más pura, inalcanzable, donde el ser humano es dueño de su autonomía y voluntad y la ejerce a su parecer. Es la libertad donde siempre puedes ejercer tu voluntad. Sin embargo, la libertad negativa se refiere a que nadie te impide ejercer tu voluntad de forma directa.

La libertad negativa es sin duda, la libertad individual defendida por los liberales que propugnan el ideal de Estado mínimo, el que solo se garantiza la libertad, el derecho a la vida y a la propiedad.

Hasta aquí la concepción libertaria de la libertad, entendida como libertad negativa, la defendida por Isaiah Berlin.

Sin embargo, Petit de tradición republicana detecta un problema evidente con lo referido a la dominación. Para Petit la idea de no dominación se refiere a la interferencia por parte de terceros, si tiene la capacidad de autodominio. Si definimos libertad como no interferencia arbitraria podemos pensar en situaciones donde haya libertad y haya interferencia pero que no sea arbitraria, es decir podríamos ser libres en condiciones de interferencia. Pero ¿qué se entiende por interferencia no arbitraria? ¿Hasta qué punto se podría dudar entre si es arbitraria o no lo es? A pesar de estas preguntas la cuestión parece que queda abierta y se entiende a la libertad liberal como una idea de libertad negativa con algunos matices.

La libertad como no-dominación es igual que la libertad liberal, una libertad privada: la independencia y protección del individuo frente a la acción del poder. No se trata de una libertad pública, de una libertad entendida como la facultad o el derecho de participar políticamente. Para el republicanismo, la participación política no sería esencial: sólo sería un medio para garantizar la libertad como no-dominación.[3]

Cierto es que a través de la autonomía se conforma la libertad, que no es más que un mecanismo de relación entre la misma voluntad autónoma que ejecuta o no una acción. Libertad y opresión son en realidad, dos caras de la misma moneda, he aquí como funciona la libertad:

libertad-2Resulta pues una evidencia la existencia de un individuo, un individuo capacitado para crearse sus propias normas internas, consciente de que piensa y existe, capaz de tener preferencias, deseos y voluntad. ‘Cogito ergo sum’[4] a esto se le llama autonomía. Cómo demuestra Kymlicka, la autonomía de un individuo viene condicionada por la socialización, por la cultura al que pertenece, si añadimos la crítica de Waldran a Kymlicka, podemos concluir que la autonomía individual viene condicionada no por una cultura estancada sino personal. El proceso de socialización es distinto entre cada individuo, aunque similar entre los que pertenecen a la misma cultura.

Además, Cohen establece el concepto de la genética, lo que llama talento natural, la herencia genética como determinante para establecer una diferencia que derive en desigualdad entre los diferentes individuos. Aquí es donde Dworkin intenta corregir la diferencia para asegurar una igualdad inicial. Sin embargo, independientemente de que igualdad sea justicia o no, lo evidente es que existe. Existe una genética y una socialización que condicionan al individuo a tener una autonomía personal distinta al resto. Además, todo ser capacitado de voluntad propia está sujeto al principio de autonomía. La voluntad pues se determina a través de las preferencias y las limitaciones que un ser tiene entorno a su capacidad. Los individuos pues transforman su voluntad en acciones ya sea de forma de no respuesta o respuesta.

Los liberales apuestan por la eliminación de la opresión directa, la que va a la voluntad en el esquema, sin embargo, lo único que se consigue con eso es que la opresión indirecta tenga una incidencia más fuerte limitando ya no solo la voluntad de las personas sino también su autonomía. Esto queda de relieve en el uso de expresiones modernas tales como <libertad económica> y su contrapartida <esclavitud económica>. Queda patente que si un hombre es lo suficientemente pobre para no poder pagarse el trozo de pan (opresión indirecta) tiene la misma libertad que si la ley se lo prohibiera (opresión directa). Ya que resulta que toda acción o no acción del individuo repercute en la sociedad misma en diferentes grados, puesto que él forma parte de la sociedad, aquí tenemos el problema de la interferencia iniciado por Petit. No podemos concebir al individuo como aislado de su natural medio gregario. De hecho, una prohibición coercitiva directa a un individuo no es más que la libre voluntad de unos contra otros. El hecho de que un individuo sea violentamente limitado en su libertad individual implica que otro está haciendo uso de su libertad para limitar la ajena.

Existen pues dos tipos de interferencia, la que se llama directa o arbitraria que es la prohibitiva, la que impide directamente que un individuo ejerza su voluntad y otra que se llama indirecta o no-arbitraria y afecta directamente a la autonomía personal, no permite por mecanismos sistémicos a un hombre tener la oportunidad de ser autónomo en ámbitos concretos.

Se habla de esclavitud u opresión si se cree que uno se encuentra en estado de necesidad. El estado se necesidad se consigue cuando la libertad individual, la negativa, no está limitada por nada y genera que los hombres se obstaculizan entre sí. Esto es la interferencia indirecta. Las libertades de los débiles serían suprimidas por las de los fuertes. La libertad de uno depende de la contención de otros. ‘La libertad del pez grande es la muerte del pez chico.’[5].

Capitalismo-depredador

Cierto es que ofrecer libertad negativa, una falta de interferencia directa a hombres medio desnudos, analfabetos, desnutridos y enfermos es ridiculizar su condición; necesitan de atención médica o educación antes de que puedan entender o hacer uso de un aumento de libertad. La libertad no tiene valor si los seres que la poseen se encuentran en estado de necesidad, pues este estado, ausenta toda libertad posible.

Limitar la libertad para aumentarla, ese es el secreto de la libertad. Cuando la libertad se limita bajo una interferencia generada por los principios de igualdad y seguridad hasta quedar en un equilibrio perfecto, se consigue un aumento de libertad para todos de forma considerable. Esto los descubrieron los igualitaristas, como dijo Rawls, la concepción de la verdadera libertad se encuentra en la libertad igual, el primer principio de su teoría: el reparto de la libertad de forma igual.

Por lo tanto, se debe entender a la libertad como un mecanismo y no como un principio. Son demasiadas las fórmulas por las cuales los filósofos han intentado definir sin mucho éxito, en relación a la unanimidad, sobre qué es exactamente la libertad. Esto tiene una explicación sencilla, la libertad no es un principio, es un mecanismo que implica diversos procesos.

Para entender a la libertad como un mecanismo, debemos entender que el individuo no nace libre, nace en libertad -entendida como mecanismo-. El individuo no puede ser libre, el individuo está en libertad, ese es su contexto, no su condición. El individuo  está condicionado por su genética y por la socialización en la que se desenvuelve, sin embargo esto no es sinónimo de esclavitud, éste evoluciona más allá de sus límites condicionantes. Pero, el individuo sí es esclavo de su propia naturaleza dependiente del medio. El individuo necesita sobrevivir. Nos encontramos pues individuos que son esclavos de su condición de seres vivos que nacen en libertad.

La libertad es un mecanismo, en el mecanismo en el cual todo individuo nace. El individuo está capacitado para la autonomía, que no es lo mismo que ser libre. La autonomía permite al individuo tener preferencias y voluntad de ser y de hacer, más allá de su necesidad para sobrevivir. Así pues, la propia acción o no acción del individuo condiciona al resto.

Si entendemos que vivimos en libertad – no que somos libres-, significa que el individuo vive en algo, ese algo es un mecanismo de principios y relaciones lógicas de la interacción social. Los condicionantes que marcan la diferencia de un individuo se deben a la genética y la socialización. El individuo tiene autonomía, limitada por el contexto físico en el que se encuentra y por la interferencia indirecta o no arbitraria de otros individuos que pertenecen a un colectivo global. Éste individuo a través de su autonomía tiene preferencias y capacidades distintas, las cuales determinan una voluntad, ésta se traduce en una acción o inacción delante de un contexto físico-social que acaba repercutiendo en diferente intensidad al colectivo al que pertenece, lo que afecta a la socialización de otros individuos y a fomentar interferencias directas e indirectas hacia otros individuos.

Sin embargo, el individuo se debe a su propia supervivencia, el tiempo juega en contra de la supervivencia misma de un individuo. No hace falta argumentar hasta que tal punto la realidad demuestra que el hombre es capaz de robar para garantizar su propia supervivencia cuando el acceso a medios para conseguir una alimentación suficiente se haya completamente cerrado. En un grado u otro el hombre necesitado sometido a interferencia directa o indirecta cerrado por completo a la posibilidad de acceder a medios para perseguir como mínimo la garantía de su propia supervivencia en un tiempo limitado lo hace capaz de hacer uso de la violencia para conseguir tales fines. El hombre que es lo suficientemente pobre como para no poder comprar un trozo de pan y el hombre que tiene prohibido adquirir ese trozo de pan, si de ese trozo de pan depende su supervivencia y el tiempo no juega en su favor, su reacción final es la misma en ambos casos. Ninguno de los dos hombres es más libre que el otro, se trata de una ilusión que genera la interferencia directa versus la indirecta.

El mecanismo natural de la libertad hace de la diferencia la desigualdad, esto se puede observar en todas las tesis de los igualitaristas. Los individuos en origen nacen iguales, pero entiéndase iguales como antagónico de desiguales, además, los individuos nacen diferentes, en el sentido que no son homogéneos, gracias a una diferente genética y una posterior diferente socialización y contexto social y económico.

Al nacer los individuos en libertad, la misma naturaleza diferente del hombre produce la desigualdad: de la diferencia se hizo la desigualdad. El individuo más capacitado hace de su diferencia una desigualdad, una ventaja competitiva respecto a otros y se impone. La libertad no deja de ser un mecanismo natural para generar desigualdad.

La igualdad

Para eliminar la desigualdad se han propuesto muchos mecanismos, uno de ellos, el conocido como la igualdad como justicia, sin embargo, todos ellos coinciden en un punto, pueden ser definidos como lo que yo definiré como la anti-libertad. Por anti-libertad podemos entender todos aquellos procesos por los cuales se invierte el orden natural de la libertad: la desigualdad, y por lo tanto se está generando igualdad a través de los mecanismos de interferencia directa.

La libertad en su mecanismo natural genera anti-libertad: la opresión directa e indirecta de la libertad de uno afecta a la de los otros, limitando así la libertad. La anti-libertad es aquello que se opone directamente a la libertad y es precisamente generado por ésta. Para hacernos una idea de cómo funcionan es necesario hacer un ejercicio mental: Éste consiste en imaginarse la luz. La luz al igual que la libertad genera sombras, llamadas anti-libertades (lo que se opone a ella). Cuando la luz aumenta su intensidad, ésta genera al mismo tiempo sombras proporcionalmente mayores a cuando la luz reduce su intensidad. La libertad, sin nada que se contraponga a ella, genera una contraposición natural, que no es otra que la opresión del poderoso al que no lo es.

El mismo proceso de libertad ya produce interferencias, de hecho las interferencias que produce son las generadas por el poderoso, el que tiene una ventaja competitiva en contra del que no. Por eso, el primero puede imponer al débil interferencias tan elevadas como la sumisión completa y la anulación absoluta de la autonomía. Lo que nos lleva a la conclusión que realmente en un mundo dónde el individuo es completamente “libre”, tenemos a una sociedad que paradójicamente no es “libre”, sino que es presa del poder. Por lo tanto, no estamos hablando de una sociedad “libre”. De ahí la reformulación de la libertad como mecanismo.

El elemento que sustituye la anti-libertad generada es la igualdad, entendida como antónimo de desigualdad y no de la diferencia, un tipo de anti-libertad artificial. La igualdad se contrapone a la libertad que genera precisamente de forma proporcional anti-libertades opresoras, transformándolas en opresión igualitaria, en virtud del principio de igualdad de oportunidades, de acceso a los medios y a la participación política. Esto genera que paradójicamente, si limitamos la libertad individual a través de una opresión igualitaria generada por la sociedad organizada, nos da como resultado una sociedad más libre. ¿Dónde se encuentra el límite entre la opresión de la sociedad en virtud de la igualdad y la opresión del individuo en virtud de su libertad?

Aquí es cuando entra la concepción de libertad igual o libertad desigual. La libertad es un concepto que debe ir asociada siempre a la palabra igualdad y nunca por separado, para producirse la verdadera justicia y para que no se desarrolle nunca el lado perverso de las palabras igualdad y libertad.

Anteriormente, la libertad era constituida como bandera a favor de la independencia de las colonias, a favor de la libertad de los esclavos… La libertad se refería a la independencia, a lo contrario a la esclavitud y la servidumbre.

Para entender a la libertad igual hemos de imaginarlos que la libertad está organizada como si fuera un panal de abejas y cada celda corresponde a la libertad de cada persona. Dentro de cada celda, toda persona puede utilizar el grado de libertad que desee, pero todo tiene unos límites, ya que para asegurar una libertad máxima a todos por igual es necesario que la libertad de uno acabe cuando empiece la del otro. Por lo tanto, para invadir la libertad de otro debemos tener permiso del mismo, siempre y cuando sea consciente, y en caso negativo nuestra libertad no puede pisar la de los demás.

Cuando esto no sucede estamos ante la libertad desigual, es decir, una jungla dónde el más poderoso consigue anteponer su libertad a la de los demás.

La libertad como valor individualista es el pilar que sustenta la libertad desigual ya que olvida la existencia de los colectivos, y la libertad no puede ser entendida de forma separada del contexto social en el que habita el individuo. No hemos de olvidar que la libertad se torna muy perversa cuando sobrepasa los límites de la igualdad, es entonces es cuando ésta pisa derechos y crea privilegios.

Nietzsche describió que el mundo es una lucha constante de poder. Y así es, la sociedad en libertad no genera una sociedad entendida como libre, sino esclava de los poderosos. El principio de igualdad no reparte la igualdad, reparte el poder. En un sistema capitalista por ejemplo, el poder está basado en el capital y la propiedad, la igualdad se consigue repartiendo lo que genera poder, es decir el capital, otra cosa es cuanta desigualdad es la que se considera de justicia o como deseada.

Así pues, si entendemos a la libertad como un mecanismo, es decir, que los hombres no son libres sino que nacen en el mecanismo que supone la libertad, que ésta genera un reparto desigual del poder debido a la naturaleza diferente de los individuos.

Existen teorías antilibertarias entendidas como las igualitaristas entre los que destacan autores como Rawls, Dworkin, Kymlicka y Cohen. Éstos proponen en diferentes grados incorporar el principio de igualdad entendido como justicia, para ello se formulan diversas teorías sobre cómo debe ser formulado el principio de la igualdad.

Rawls por ejemplo propone garantizar una serie de bienes básicos, que se formulan en una serie de libertades y derechos básicos, así como la conservación del principio de la diferencia mediante la asignación de asegurar el máximo de mínimos posibles para la igualdad de oportunidades. Dworkin en cambio, propone una redistribución inicial para que solo sean las preferencias individuales respaldadas por el principio de la voluntad la que haga desigualdades sociales. Además tenemos a Kymlicka, el cual dice que dentro de los bienes de Rawls hemos de añadir el derecho a la pertenencia cultural, muy criticado sobre todo por Waldran, sin embargo se demuestra una característica esencial que parecía obvia del individuo: Los derechos culturales son los que determinan el liberal valor de la autonomía.

Sin entrar en las diferentes teorías, la igualdad, por naturaleza, parcela la libertad de todos los ciudadanos para que todos tengamos el mismo grado de libertad. Pero ante todo, igualdad no es lo mismo que homogeneizar. Tratar diferente no equivale a generar desigualdad y tratar igual no equivale a generar igualdad. Tratar por igual cosas desiguales tiene como consecuencia la perpetuación de la desigualdad y tratar por igual cosas diferentes tiene como consecuencia la uniformización y la eliminación de la diversidad. Por ejemplo, dar lo mismo al pobre y al rico por igual no equivale a generar igualdad sino a perpetuar la desigualdad.

La igualdad se basa en la igualdad de oportunidades, en que todas las personas tengan la misma capacidad para ejercer su voluntad y se puedan desarrollar libremente de acuerdo a su autonomía.

La igualdad real no combate la diversidad y la diferencia, sino que la acepta: el contrario de igualdad es la desigualdad, que es lo que combate, sin embargo, igualar o homogeneizar es contrario a diferente, que es lo que combate. La homogenización destruye la diferencia y la diversidad y no combate la desigualdad.

La seguridad

En la fundamentación de los derechos humanos se constituyen tres principios, uno de ellos regidos por la libertad, el principio de autonomía personal y otros dos regidos por los principios de igualdad y seguridad, la inviolabilidad de la persona y la dignidad personal. La seguridad jurídica, la seguridad de una tutela judicial efectiva, la seguridad ante una violación de la persona, son elementos que surgen de la seguridad humana que limitan la libertad de otros. La igualdad delante de la ley, la igualdad de oportunidades, son elementos que surgen de la igualdad humana que limitan la libertad de otros. Las limitaciones de las libertades permiten que la libertad sea mayor.

Se debe establecer pues que existe otro elemento a analizar que parece contrario a la libertad: la seguridad.

El dilema de la seguridad nos plantea el siguiente dilema: “En libertad se tiende a armarse uno de más poder para poder defenderse y sentirse seguro, pero ese acto genera más inseguridad a los demás cuyo resultado es que los demás se acaban armando más, lo que provoca el mismo efecto en forma de bucle y como consecuencia más inseguridad para todos”.

La libertad es en algún sentido contraria a la seguridad, en el país de máxima libertad se genera interferencia del fuerte al débil, porque puede, porque es libre de hacerlo y por lo tanto se genera inseguridad. La  interferencia no deja de ser un mecanismo integrado en la naturaleza de la libertad, sin embargo, la seguridad a diferencia de la interferencia, no es algo que se oponga frontalmente a la autonomía y a la voluntad, más bien representa de ausencia de ésta. Cuando hablamos de seguridad estamos hablando de no-libertad, la ausencia de ella, no de anti-libertad, lo que se contrapone a ella.

hghghCuando se ausenta la libertad de invadir la libertad de otro, estamos hablando de seguridad, por lo tanto, estamos hablando de un tipo de eje de la libertad que va des de la máxima libertad a un mundo dónde ésta se ausenta.

Un mundo donde no existe la libertad, dónde nadie tiene la capacidad de hacer nada es el mundo de la máxima seguridad, todo el mundo tiene la certeza que nadie va a poder hacer nada.

Sin embargo, no debatir sobre la intensidad de la libertad que determine el tipo de seguridad ideal y sobre los límites a la libertad que determine el tipo de igualdad ideal no impide observar como esto funciona hoy en día con total naturalidad: La seguridad en los contratos por ejemplo, representa un ejemplo de ausencia de libertad para poder saltar-se un contrato, lo que a la vez nos hace paradójicamente más libres, pues podemos tener la seguridad y certeza que existe el compromiso de ambas partes; otro ejemplo lo encontramos en la escolaridad obligatoria y gratuita, que nos quita la libertad de no estar escolarizado en virtud de la igualdad para asegurarnos una igualdad de oportunidades real a todos, lo que paradójicamente nos vuelve a generar más libertad a todos.

Conclusión

Se entiende que existen dos mecanismos contrarios al mecanismo de la libertad, uno de ellos es la no-libertad, por el cual se anulan medios de adquisición de poder generando seguridad y el otro es la anti-libertad que no es más que una corrección igualitarista al funcionamiento normal del mecanismo de la libertad generador de desigualdad.

¿Los republicanos y los liberales podrían estar errando en la concepción de la libertad como principio? Todo parece indicar que sí, vista la multiplicidad de definiciones de libertad. La libertad entendida como mecanismo permite comprender la teoría del caos ideada por Nietzsche. Al fin y al cabo todo se basa en una lucha de poder: la libertad solo es el mecanismo que distribuye el poder de manera desigual a través de las diferencias entre los individuos, que utilizan los medios disponibles de manera distinta para generar desigualdad y apoderarse respecto al otro. Solo es posible desposeer a los individuos de medios generadores de desigualdad a través de la no-libertad y la anti-libertad de una sociedad organizada. Esto permite un control de forma agregada por el conjunto dónde nadie tiene el poder de ejecutar de forma arbitraria un poder por encima de los demás.

Por lo tanto, dependiendo de los valores morales dogmáticos de la sociedad podremos encontrar tantos tipos de organización social como modificaciones en el reparto del poder que existan. Es decir, un sistema liberal no es más que un sistema dónde se considera deseable generar la no-libertad por el medio de la fuerza y establecer anti-libertades para igualar los derechos políticos. Lo que se conoce como libertades o derechos como la libertad de expresión, libertad religiosa, libertad de cátedra, libertad de reunión, libertad de manifestación… no dejan de ser anti-libertades, es decir injerencias en el mecanismo natural de la libertad para que los apoderados no puedan limitar la capacidad para poder expresarse, la capacidad para ejercer una religión según la voluntad individual, la capacidad para poder reunirse, la capacidad para poder manifestarse…

En conclusión, entender a la libertad como un mecanismo ayuda a comprender las relaciones de poder para así poder mediante la lucha política establecer con el consenso los límites necesarios al normal desarrollo del mecanismo de la libertad, es decir, al control y limitación de los medios por los cuales los que con una diferencia competitiva generan una ventaja competitiva sobre el resto generando desigualdad en la adquisición de poder.

Bibliografía

Berlin, I. 1969. Two concepts of liberty. Berlin, I, 118–172.

Bermudo. 1998. Ideas y valores: Libertad, igualdad y justicia en Hobbes. Nº 108. Bogotá, Colombia.

Cohen, G. A. 1989. On the currency of egalitarian justice. Ethics, 99(4), 906–944.

Dworkin, R. 2003. Equality, luck and hierarchy. Philosophy & Public Affairs, 31(2), 190–198

Hobbes. 1651. Leviatan.

Kymlicka, W. 2006. Left-liberalism revisited. A The Egalitarian Conscience: Essays in Honour of GA Cohen, 226-249, 9–35.

Marx, Karl. 1867. El capital. 2ª edición: Akal.

Marx, Karl i Engels, Friedrich. 1848. Manifesito Comunista.

Nietzsche 1868. Libertad de la voluntad y fatum.

Pettit, P. 2010. Llibertat i govern: republicanisme. Barcelona: Angle Editorial.

Tawney. 1931. Equality.

[1] J.M. Bermudo, 1998. p. 65

[2] Hobbes, 1651. p. 187

[3] Petit, cita, p. 22.

[4] Cita filosófica popular de Descartes, 1637.

[5] R.H.Tawney, 1931.

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