¿Quién compone el demos?

1.    Introducción

En la historia, la dominación y la guerra ha sido la forma por la cual los humanos han configurado nuevos cuerpos políticos llamados Estados. Toda comunidad política que haya tenido la fuerza suficiente mediante la guerra y la dominación, a lo largo de historia para mantenerse como un único cuerpo con autonomía política, es decir, independiente, es hoy un Estado en la comunidad internacional. Pero hoy, esa fórmula no es legítima a los ojos de la comunidad internacional. Por ese motivo, eliminada la fórmula histórica de modificación de las fronteras nacionales, ¿debería acabar con una inmovible estructura de Estados?

La democracia es un sistema de decisión mayoritaria de un colectivo. Bajo esta consideración, un parte de la teoría política que parece haber sido poco abordada es el cuestionamiento del demos que compone el conjunto de la democracia. Es decir, para que haya democracia debe haber un acuerdo sobre quien forma este total. Las verdaderas dificultades surgen cuando lo que se cuestiona es la propia composición del demos que debetomar decisiones colectivas.

Las fronteras en la actualidad no vienen marcadas por la voluntad democrática, sin embargo, hoy no son pocos los pueblos que deciden redibujar las fronteras porque no se sienten parte del Estado al que pertenecen.

La secesión ha sido abordada por diversos autores entre los cuales destaca notablemente Buchanan como gran defensor de la integridad territorial. En este trabajo se comparará la teoría de Buchanan con los argumentos expuestos por Sánchez-Cuenca para como fin obtener una respuesta a las preguntas: ¿quién debe componer el demos? ¿Existe el derecho al autogobierno a una minoría territorialmente concentrada?

2.    Buchanan versus Sánchez-Cuenca

Buchanan uno de los autores más restrictivos en relación al derecho de secesión cuestiona que la secesión sea un derecho natural y defiende ante todo el principio de integridad territorial de los Estados. Sin embargo, considera que la secesión podría estar justificada bajo condiciones extraordinarias. Éstas condiciones serian bajo una violación de los derechos humanos por parte del Estado.

Para Buchanan las fronteras estatales y la configuración del demos no suponen ningún problema moral, mientras existan derechos individuales las fronteras son incuestionables. Sin embargo, tal condición para la secesión podría afectar a todo el pueblo, estaríamos entonces más cerca de lo que se llama un levantamiento revolucionario. (Buchanan, 1991)

Si se es negado el derecho a la secesión y a la autonomía, no deja lugar a otro camino que a la violencia para poder conseguir la independencia. Lo que según Buchanan legitimaria la intervención del Estado para conservar su integridad territorial, obviando que los que generan violencia no son los movimientos secesionistas como atribuye, sino la negación del derecho a la autonomía política por parte del Estado, que es lo que condena al uso de la fuerza para la liberación. La negación al derecho a existir como pueblo es ante todo lo que genera la violencia de los movimientos secesionistas, no los movimientos secesionistas.

Se cuestiona además, el autogobierno y secesión como derecho al no solucionar el problema de la minoría, es decir, si una minoría territorial se autodetermina de un Estado mayor, este nuevo Estado crearía dentro de su territorio nuevas minorías que no reconozcan al nuevo Estado. Esto no solucionaría en nada porque dejaría a minorías en un Estado secesionado al que no dieron consentimiento. Además,  se podría dar a pie a que la nueva mayoría nacional oprimiera a la nueva minoría. (Buchanan, 1991)

Ante los argumentos de Buchanan, Ignacio Sánchez-Cuenca responde que es cierto que una nueva mayoría en transición de un nuevo Estado podría menoscabar los derechos de una nueva minoría, sin embargo, la solución a esto resulta sencilla, en un sistema democrático no puede excluirse a nadie de sus derechos políticos, de lo contrario, no estaríamos ante un sistema democrático, sino ante uno tiránico, formado por una mayoría tiránica. Sánchez considera inmoral que se pueda retener a todo un pueblo en contra de su voluntad dentro de un Estado que no siente como suyo, puesto que es innegable que existen sentimientos de identidad nacional. Por lo tanto, argumenta que en un sistema democrática dónde los problemas se deben de solucionar pacíficamente, considera que una demanda de secesión debería ser atendida mediante un referéndum en la región que quiera ser independiente. (Sánchez – Cuenca, 2009)

El mayor problema de la teoría de Buchanan es que se le otorga una consideración superior al statu quo por delante de las preferencias de los individuos. Y ante esto expone el ejemplo de que qué pasaría si Alemania se anexionara no violentamente, sino por mandato imperativo a Dinamarca. Imaginemos que la mayoría de Dinamarca desaprueba esa anexión a pesar de ser no violenta. Buchanan diría que mientras tengan los mismos derechos individuales que los alemanes no importa. (Sánchez – Cuenca, 2009) Sin embargo, esto podría justificar un colonialismo no violento, viola completamente el derecho a la autonomía. Lo lógico sería preguntar a la población de Dinamarca por ejemplo si aprueba esa anexión. Del mismo modo, ¿por qué no tendría el mismo derecho un región ya integrada dentro de un Estado?

En los argumentos de Sánchez se entrelazan una justificación nacional a la secesión y una justificación de voluntad democrática, en ese sentido jerarquiza el derecho nacional al democrático, considerando que solo tienen derecho a la secesión las naciones bajo una voluntad democrática detrás. Por lo tanto, considera que solo debería tener derecho a secesionarse las naciones de dentro de otros Estados. Aunque reconoce que es difícil de establecer criterios para saber qué es nación y qué no, lo considera lo más justo, para no caer hasta en las independencias de municipios pequeños.

3. Críticas

El principio de la indisolubilidad del Estado es fundamental de la teoría de Buchanan, que considera a la soberanía como propiedad del conjunto del Estado y por lo tanto, el principio de integridad territorial se vuelve rígido. Éste solo permite la secesión bajo motivos reparadores de injusticias. El problema de la teoría de Buchanan es que probablemente podría obligar a la comunidad política a emigrar ante la imposibilidad de autodeterminarse, puesto que su tierra ha sido ocupada por un Estado que le es completamente ajeno. Pero parece una evidencia considerar que es un derecho moral vivir en la tierra natal y como tal el derecho de autogobernarse sin la dominación de terceros.

Por otro lado, la restricción de Sánchez a que solo las naciones tienen derecho a la autodeterminación, representa legitimar una práctica nacional no deja de ser un modelo coercitivo para imponer una identidad, que no trata de poner solución al acceso al autogobierno a través de la autodeterminación, sino que está en el ámbito de la construcción nacional. Las naciones ni siquiera dentro de sí mismas son homogéneas, las diferencias locales y la diversidad es un hecho incuestionable dentro de cualquier nación. Y solo la limpieza étnica podría llevar a cualquier nación a la pureza nacional.

La solución vendría por incidir más en más democracia y más autogobierno independientemente de si se trata de una comunidad nacional o municipal. De ahí la necesidad argumentada por Murray Bookchin de establecer un sistema de soberanía municipalista. Bookchin considera que el municipio libre es el encargado de hacer las asociaciones y pactos convenientes con sus vecinos. (BIEHL; BOOKCHIN, 2009) Como argumenta Bakunin, se necesita rehacer completamente el mapa nacional actual, sustituyendo las antiguas divisiones nacionales por aquellas que se adecuen a la libertad asociativa de los individuos. (BAKUNIN, 1977.

4. Conclusión

En conclusión, el principio democrático, así como el acceso al autogobierno deben ser demandas atendidas en todo Estado democrático. La democracia debe servir para resolver conflictos y retos que plantea la sociedad, no para convertirse en un muro legal que ignora las demandas de las minorías y puede ocasionar en conflictos, violencia y lo más grave de todo, la necesidad de todo un pueblo a emigrar porque un Estado ajeno ha ocupado su tierra.

La tierra pertenece a los vivos, y el demos debe ser configurado por los pactos que estos hacen entre ellos. Y no existe ninguna justificación histórica para obligar a mantener a un pueblo ligado a un Estado que ya no siente suyo. En definitiva, los cauces de la secesión deben ser tomados en cuenta y deben ser resueltos mediante un plebiscito. Si la unidad del demos no es consentida por todas las partes, esta deja de ser unidad, y está lejos de la libertad y la prosperidad de cualquier pueblo.

5.    Bibliografía

 

BAKUNIN, M (1977). Obras completas, tomos 1,2, 3, 4 y 5. Madrid: De La Piqueta. Tierra y Libertad.

BIEHL, J; BOOKCHIN, M. (2009). Las políticas de la ecología social: municipalismo libertario. Barcelona: Virus Editorial.

BUCHANAN, A. (1991), The morality of Political Divorce from Port Sumter to Lithuania and Quebec, Oxford: Westview Press.

SÁNCHEZ – CUENCA, I. (2009) “Autogobierno y autodeterminación”, a Más democracia menos liberalismo, Katz.

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