Los principios del anarquismo al federalismo y la secesión

El Estado que conocemos hasta ahora representa un Estado surgido por la guerra, la dominación y la asimilación. Esto ha llevado a formular formas de acceso a la autonomía política alejadas de los accesos mediante la violencia como el federalismo. Sin embargo, no existe otra forma de alcanzar una verdadera autonomía política si el Estado conocido como burocrático no es eliminado y, para ello, hace falta aplicar el principio federativo y el de la voluntad democrática.

Las teorías de la secesión revelan la perversidad del Estado burocrático: el acceso a la autonomía política permite la capacidad para oprimir a otros; ya sea en la liberal a minorías del nuevo Estado, en la estatista a minorías de los Estados actuales y en la nacionalista a minorías nacionales disgregadas.

El federalismo, la secesión y la descentralización, no dejan de ser formas que se inspiran en el principio de autonomía pero son incapaces de alcanzarlo debido a que se respaldan sobre el Estado burocrático, aquél construido bajo la guerra, la asimilación y la dominación. Por lo tanto, si se busca una sociedad dominada por los valores de la libertad, la democracia y la prosperidad de todo pueblo, nación o provincia, no puede serle negado ningún tipo de derecho para acceder a su autonomía política para que un pueblo pueda autogobernarse y autogestionarse.

Para ello la autonomía política ha de ser un derecho natural de todo pueblo, nación o provincia, siempre y cuando no pretenda construir estructuras de propias del Estado burocrático para oprimir su interior.

La asociación política libre, la federación libre de municipios, la autogestión y el gobierno multinivel son los actuales retos que plantea la libertad y la democracia. Y para ello, en conclusión, el Estado burocrático debe ser eliminado para poder establecer la autonomía política como valor de una sociedad democrática.

a)   El principio federativo: el verdadero principio federal

A lo largo historia se ha hecho evidente la tradición de considerar una serie de bienes y servicios como comunes. Esto se debe a la necesidad imperiosa de la sociedad de organizarse y cooperar por el bien general. De ahí la necesidad de gestionar de forma cooperativa los recursos y de establecer unas normas generales para la seguridad de los individuos que conforman la sociedad.

Existen, por lo tanto, grupos de personas que viven en un territorio que pueden conformar una voluntad general única y diferenciada de otra. La teoría de la soberanía dice que voluntades divergentes no pueden compartir una misma soberanía y que, por lo tanto, voluntades de autonomía sobre determinados asuntos deben ser escuchadas así como los territorios deben ser libres de poder decidir su devenir, ya bien sea en materia de legislación o bien de ejecución y gestión de recursos públicos.

La autonomía política según el principio federativo corresponde en este caso a la unidad menor: la comuna o municipio, el área menor de gestión pública. Por lo tanto, la nueva concepción de Estado debe entender la política como la gestión y organización pública de la población de un territorio.

La unidad menor capacitada de autonomía política debe estar dónde el espacio público ya no puede ser divido y éste es el continuo urbano, el municipio, pueblo o comuna ya que la siguiente división corresponde a espacios privados de vivienda y trabajo, cuya organización corresponde el asociacionismo entre sujetos privados, mientras que el siguiente corresponde al espacio común, en lo relativo al asociacionismo obligado público. (PROUDHON, 2012)

El anarquismo entiende en relación a lo anterior: que las relaciones comunitarias entre los municipios como de libre asociación y federación con otros, creando estructuras de organización públicas de federaciones de federaciones.

Bakunin considera que el principio federativo es contario al Estado centralista o burocrático. Para éste el centralismo es la negación de la comunidad política, un Estado fundado esencialmente sobre un acto de violencia, la conquista.(BAKUNIN, 1977).

Un Estado centralista es en efecto la negación de otros Estados y por lo tanto debe ser rechazado según todo principio libertario. Un Estado forjado a través de la conquista y la dominación que subleva a los pueblos de su interior a la negación de la existencia como sujetos políticos nunca puede ser legítimo a ojos de la justicia humana.

Se debe remplazar, argumenta Bakunin, entonces “la antigua organización fundada de arriba a abajo sobre la violencia y sobre el principio de la autoridad, por una organización nueva que no tenga otra base que los intereses, las necesidades, y las atracciones naturales de los pueblos, ni otro principio que la federación libre de los individuos en las comunas, de las comunas en las provincias, y de las provincias en las naciones.” (BAKUNIN, 1977, tomo 3, pág. 52) Por lo tanto, se rechaza todo lo relativo a las fronteras históricas de los Estados, su petrificación, para permitir la libre organización de todo pueblo de establecer sus relaciones políticas. No podemos, en la actualidad, mantener petrificados a los actuales Estados-Nación, surgidos de avatares de la historia distintos a la voluntad de los individuos.

Proudhon[1] considera que, al igual que el principio de autoridad y conquista por el cual se han fundado los actuales Estados tienen como objetivo la asimilación como centralización administrativa, la indivisión del poder como un régimen de absolutismo y el feudalismo territorial e industrial; el principio federativo, como principio liberal, tiene como objetivos, los antagónicos a los del Estado burocrático, los fundados en la libertad: (1) la independencia política de las administraciones territoriales de gestión y organización pública, (2) la separación de poderes de todo Estado y (3) la federación agrícola-industrial. (PROUDHON, 2012)

En consecuencia,  se “debe reconocer el absoluto derecho de toda nación, grande o pequeña, de todo pueblo, débil o fuerte, de toda provincia, de toda comuna a una completa autonomía, siempre que su constitución interior no sea una amenaza y un peligropara la autonomía y la libertad de los países vecinos.” (BAKUNIN, 1977, tomo 3, pág. 53)

b)     La materialización práctica: La secesión controlada

Para alcanzar tal ideal de autogestión, el proceso de acceso a la autonomía política debe ser controlado y no uniforme. La gestión conjunta en una federación mayor-centralización de la federación- o separada -descentralización de la federación- de diversas materias públicas dependerá del contexto y de la libertad de los ciudadanos. Por ello, el modelo anarquista no supone el acceso inmediato a la autonomía de todo municipio, sino que supone la dotación para la capacidad de acceso a la autonomía, es decir, puede no ejecutarse.

Adam Watson[2] sostiene que los diferentes tipos de organizaciones estatales que existen se pueden calificar en un péndulo que va de máxima descentralización a máximo centralismo político.

La centralización política corresponde al imperio, mientras que la máxima descentralización corresponde a independencias múltiples. Watson observa, a través del análisis de los sistema de gobierno internacionales, como normalmente todo sistema organizativo se sitúa entre lo que se considera una Hegemonía y un Dominio territorial y rara vez alcanza la forma pura tanto de Imperio como de independencias múltiples.

“La mitología de la historia china ayudó a empujar el sistema chino lejos de las  independencias y a mitad de camino en dirección al sistema imperial. Pero lo contrario  fue verdad de la clásica ciudad-estado griega, en donde la mitología de las polis  independientes como la forma natural de organizar la comunidad hubiera ayudado a  sostener el sistema cerca del extremo de las independencias. El supuesto helénico fue  revivido en la Italia del Renacimiento. El acuerdo Westfaliano estableció una legitimidad anti-hegemónica para la sociedad europea de estados.” (WATSON, 1997, pág. 315)

Watson argumenta que para encontrar el punto de estabilidad y considerar el nivel óptimo para la organización estatal se deben tener en cuenta tres variables: (1) la ventaja material para los gobernados y los gobernantes, (2) el grado de legitimidad según la cultura dominante y (3) las correcciones gravitacionales que evitan los máximos tanto en imperio como máximas independencias.

Esto sugiere que no encontraremos a millones de municipios que tiendan a ir de forma divergentes los unos a los otros, sino que tenderán a federarse y hacer de gestiones más o menos centralizadas en función de los criterios argumentados por Watson. Las sociedades aceptan grados de centralización más o menos mayores en función del contexto, por lo tanto, no existe el riesgo de que el acceso a la autonomía por una reclamación expresada por voluntad popular de una parte de un Estado, vaya a generar una tendencia disgregadora de todos los Estados. De hecho, el orden internacional tiende a estabilizarse y no existe el riesgo de disgregación absoluta.

Considerando que la tendencia no es la disgregación internacional, el argumento esgrimido por la teoría estatista, contrario al acceso a la secesión por respeto a la integridad territorial no se sustenta. Lo que acompaña dicha justificación es la inestabilidad constante del sistema de relaciones internacionales causada por la multiplicación de independencias múltiples, lugar inalcanzable por el efecto gravitacional del péndulo. Las disgregaciones nacionales y los movimientos secesionistas irán acompañados por un contexto concreto en la cultura popular, por lo tanto, dependerá del lugar del planeta si esto se produce con mayor o menor frecuencia.

De ahí la necesidad argumentada por Murray Bookchin de establecer un sistema de soberanía municipalista. Bookchin considera, al igual que Aristóteles y Rousseau, que la unidad básica de comunidad política se fundamenta en el municipio, entendiéndose como un área con un núcleo urbano y un área rural bajo sus dominios. A partir de aquí los municipios libres son los encargados de hacer las asociaciones y pactos convenientes con sus vecinos. (BIEHL; BOOKCHIN, 2009) Como argumenta Bakunin, se necesita rehacer completamente el mapa nacional actual, sustituyendo las antiguas divisiones nacionales por aquellas que se adecuen a la libertad asociativa de los individuos. (BAKUNIN, 1977)

Así pues, debe corresponder a la libertad de los ciudadanos asociarse en estructuras de gobierno más o menos grandes o más o menos centralizadas en función de sus pactos con la sociedad. Lo que nos lleva al principio fundamental de la teoría liberal. Que en contraposición a la teoría estatista, se debe considerar a todo pueblo el derecho a existir, así como a respetar la voluntad de autonomía de los mismos.

c)     Retos ante la sociedad global

Los retos que se plantean a continuación van relacionados con la materialización del principio de autonomía como respeto a la libre voluntad de toda comunidad política. La democracia junto al respeto a la autonomía representarán factores clave para la construcción de un nuevo modelo de Estado alejados de las estructuras de dominación para llegar a ser estructuras de empoderamiento del pueblo.

Gobiernos multinivel, participación democrática efectiva, respeto a la autonomía y federaciones de federaciones son elementos que deben ser incorporados en la estructura política de todo Estado, deshaciendo así toda capacidad de dominio sobre el pueblo y dejando paso a la organización pública, colectiva y cooperativa de la sociedad que quiera vivir en libertad.

 

[1] En El principi federatiu i altres textos [El principio federativo y otros textos] de 2012se recogen obras de Proudhon dónde éste expresa su pesar por la mala concepción del principio del federalismo que estaba surgiendo en Europa. Según Proudhon el federalismo era algo distinto a la descentralización de los Estados, éste debe incluir el principio de libre reunión, libre asociación, libre secesión y libre federación, en ningún caso debe emular a los Estados conocidos hasta ahora.

 

[2] EnThe Evolution of International Society [La evolución de la Sociedad Internacional] se analiza la evolución de las diferentes formaciones de los Estados, lo que permite deducir que no existe peligro de volatilidad si se aplicara un modelo bajo los principios de autonomía del liberalismo y de federalismo del anarquismo, de hecho, la evolución y la modificación Estatal no estaría cambiando de un día para otro, sino que dependen del contexto, la cultura y las relaciones en la sociedad. Lo que permite la aplicación del principio de autonomía sin peligro de estabilidad.

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