Las teorías de la secesión y libre determinación

Beobide Ezpeleta[1] define los tres conjuntos de teorías para justificar la secesión: el primer grupo son las teorías relacionadas con una justificación secesionista de carácter asociativa, basadas en el principio de la voluntad de los ciudadanos; el segundo grupo son las teorías relacionadas con una justificación secesionista de carácter nacional, basadas en el principio de nación o pueblo; y finalmente, el tercer grupo son las teorías basadas en las reparaciones de injusticias. Éstas son abordadas por distintos autores, de los cuales, entre el grupo de las teorías relacionadas con una justificación sobre la voluntad encontramos a Beran, como reconocido fundamentador de la teoría liberal de la secesión y la autodeterminación, seguidamente sobre la justificación secesionista basada en la nación encontramos a Margalit y Raz y sobre la secesión justificada desde una óptica reparadora, es decir meramente instrumental encontramos a Buchanan, gran defensor de esta corriente estatista.

      I.            La corriente estatista

La corriente estatista defendida por Buchanan defiende la integridad nacional actual de los Estados-Nación, es decir, no soluciona el problema de la petrificación de los Estados. Ésta se escuda en que la secesión solo es legítima cuando el Estado pone en peligro la integridad de los ciudadanos de una parte de su territorio, es decir, que vulnera sus derechos fundamentales. (BUCHANAN, 2003)

Sin embargo, esta teoría obvia que negar el derecho a la secesión es en definitiva negar el derecho a que un pueblo pueda autogobernarse y autogestionarse de forma autónoma, es decir, legitima la conquista histórica y niega el derecho a la autonomía de aquellos que no han tenido la fuerza suficiente para mediante la guerra en el pasado mantenerse autónomos respeto a otros cuerpos nacionales.

Esta corriente se muestra incapaz de dar solución a problemas democráticos como el derecho a la autogestión y el acceso a la autonomía. Se argumenta que si no se comete por parte del Estado una violación de los derechos fundamentales, es legítimo negar el derecho a la secesión, y solo ésta sería justificada cuando el Estado vulnerase sistemáticamente los derechos fundamentales de una minoría territorial.

Esto podría ocasionar que una mayoría nacional tenga el derecho a decidir sobre la gobernanza de una minoría nacional, aún incluso en contra de la opinión mayoritaria de esta minoría. Estaríamos delante de una imposición autocrática y una indefensión de un pueblo sometido al conjunto.

Si se es negado el derecho a la secesión y a la autonomía, no deja lugar a otro camino que a la violencia para poder conseguir la independencia. Lo que según Buchanan legitimaria la intervención del Estado para conservar su integridad territorial, obviando que los que generan violencia no son los movimientos secesionistas como atribuye, sino la negación del derecho a la autonomía política por parte del Estado, que es lo que condena al uso de la fuerza para la liberación. La negación al derecho a existir como pueblo es ante todo lo que genera la violencia de los movimientos secesionistas.

En consecuencia, la corriente estatista, imperante e influenciadora de la actual rigidez nacional, lejos de poner solución a los conflictos, insta a perpetuar la condena a que la autonomía solo puede ser conseguida mediante la fuerza.

   II.            La corriente nacionalista

Margalit y Raz[2] junto con Miller van mucho más allá que Buchanan y defienden que el acceso a la autonomía política, entendida como autodeterminación solo es posible en pueblos que ya están definidos culturalmente, es decir, son una nación. Bajo esto, los autores consideran que tal derecho solo corresponde a pueblos que (1) tengan una cultura, lengua y tradiciones comunes, (2) que además ese grupo se identifique con esa cultura común y compartan la historia común, (3) los miembros deben reconocerse mutuamente como nación y (4) deben compartir una identidad colectiva. (MARGALIT, A.; RAZ J., 1990) Sin embargo, esta justificación para la secesión encuentra la primera dificultad en la definición de nación, ya que el término nación es un concepto discutido y discutible. Por lo tanto, ¿quién define qué es nación y pueblo? ¿Bajo qué criterios?

La corriente nacionalista plantea una cuestión fundamental que podría no dar solución a la conquista, ya que al igual que la autodeterminación de las naciones estaría justificada, la asimilación a lo que se considera parte de la misma también.

En consecuencia, no da respuesta al derecho para el acceso a la autonomía ya que no empodera al pueblo sino que en vez de someterlo al Estado heredado de la historia, lo somete a la concepción nacional y en definitiva el pueblo vuelve a no ser libre, sino súbdito ya no del Estado sino de la nación a la que pertenece.

III.            La corriente liberal

En el caso que sea la misma comunidad política la que se autodefina como nación, estaríamos más cerca del pensamiento de Harry Beran. Éste es un autor influenciado por el liberalismo democrático que intenta poner solución a través de una concepción liberal a la cuestión de la secesión y al acceso a la autonomía política. De acuerdo con Beran, la soberanía no es un atributo colectivo de todos los ciudadanos de un estado existente, pues una parte de ellos la puede ejercer para constituirse como un Estado independiente. Por eso el poder de la mayoría no es moralmente legítimo si una minoría concentrada territorialmente no reconoce la unidad del Estado.

Según el desarrollo argumental de Beran, la teoría liberal se fundamenta en la voluntad de los ciudadanos. Así pues, la unidad como principio de indisolubilidad de un Estado no puede basarse en la fuerza, sino en el consenso y la libre voluntad de permanecer unidos puesto que, en las sociedades democráticas las relaciones son voluntarias. Por lo tanto, el contrato social no puede condenar a generaciones futuras al derecho de poder reorganizarse políticamente.

Beran dice que la secesión debería ser permitida siempre que sea moralmente posible, es decir, si existe una voluntad expresa detrás. Sin embargo, pone condiciones por las cuales considera que debería estar prohibida: (1) Si es demasiado pequeño para hacerse cargo de la gestión, (2) si no está preparado para permitir que subgrupos existentes en su interior se separen, (3) si busca explotar u oprimir a subgrupos internos que no pueden a su vez separarse por motivos de dispersión territorial u otros, (4) si ocupa un área totalmente cercada por las fronteras de un estado existente, (5) si ocupa un área que es cultural, económica o militarmente esencial para el estado existente; (6) si ocupa un área que cuenta con una parte desproporcionalmente alta de los recursos económicos de los estados existentes. (BERAN, 1984)

No obstante, estas prohibiciones no se sustentan por razón alguna: (1) hoy en día existen micro-Estados completamente viables, (2) si existen subgrupos disgregados deben tienen el derecho a cambiar de gobierno y condicionar a la sociedad, si están concentrados se supone que se aplica el mismo derecho de secesión, (3) hoy en día existen los derechos de las minorías y por lo tanto no debería afectar al derecho de secesión, (4) hoy en día existen Estados viables completamente cercados por otros Estados y eso no debería afectar a el derecho autogobernarse como Estado, (5) si por ocupar un área cultural, militar o económicamente importante para el Estado matriz no tiene derecho a la secesión se podría estar justificando el colonialismo y (6) por el mismo motivo que el anterior.

En consecuencia, la teoría liberal de Beran aporta la mejor solución al empoderamiento de los pueblos y el ejercicio de su libertad para el acceso a la autonomía política. Por ello, el principio liberal sobre la voluntad democrática podría fundamentar el derecho a la autonomía política. A pesar de ello, la secesión liberal de Beran permite mantener a los Estados burocráticos, cuyas estructuras están diseñadas para la dominación. De poco sirve reconocer el derecho a las minorías, si el nuevo Estado secesionado puede configurar en su anterior una dominación hacia la nueva minoría interior. Ello conduce a reconsiderarla secesión en relación a la naturaleza del Estado actual, el Estado burocrático. La autonomía política no puede responder a su principio de libertad si se funda bajo una institución de dominación.

Comparativa de teorías

La teoría política ha dado muchas razones a favor y en contra de la secesión política de un territorio de un Estado matriz. Actualmente existen tres teorías contrapuestas y complementarias que intentan poner solución y dar una fundamentación teórica sobre cómo abordar la cuestión y poder justificar una legítima secesión.

Teoría Estatista Teoría nacionalista Teoría liberal
Integridad territorial Derecho nacional Voluntad democrática
Secesión permitida solo como instrumento reparador por vulneración de los derechos fundamentales. Secesión solo permitida a las naciones culturales e históricas. Secesión permitida si existe una voluntad democrática pero con límites en la vulneración de derechos individuales.

Figura 2. Elaboración propia. Cuadro comparativa de las tres teorías.

En  ningún caso la secesión es imposible, sin embargo, debemos considerar los argumentos de cada teoría a nivel comparado:

Según la teoría liberal, todo pueblo, entendido este como una sociedad territorialmente concentrada, que se organice libremente con instituciones de organización colectivas propias y que desee la soberanía sobre diferentes materias, debe tener el derecho de ejercer esa autonomía de forma democrática, en un sentido estricto, debe representar a la voluntad general de la región con aspiraciones de gestión y/o legislación diferenciadas del resto. El concepto de colectividad territorialmente concentrada surge a partir de la voluntad de organizarse políticamente y democráticamente, y el concepto de soberanía, entendido como derecho a decidir, surge a partir de la voluntad autónoma de autogestión y legislación propia y diferenciada. (BERAN, 1984)

“El derecho de la autodeterminación del que hablamos no es el derecho a la autodeterminación de las naciones, sino más bien el derecho a la autodeterminación de los habitantes de cualquier territorio que tengan el tamaño suficiente para formar una unidad administrativa independiente.” (MISES, 2007, pág.129)

La teoría liberal de Beran tan solo exige que los ciudadanos tengan una serie de libertades para fundamentar el derecho a la asociación y a la libre determinación. Lo que podría llevar a problemas nacionales relacionados con la cultura, la lengua y la identidad de otras minorías internas, así como también, minorías que tampoco reconozcan al nuevo Estado independiente. La fragmentación de Estados independientes sin criterios nacionales podría dividir naciones e imponer la cultura y lengua mayoritaria, se perdería toda identidad y pluralidad existente. Por eso, la teoría nacionalista sostiene que solo son las naciones las que tienen el derecho a la autodeterminación. Beran  reconoce que su teoría responde al derecho a la autodeterminación, siendo este  un concepto distinto a la autodeterminación nacional de Margalit, Raz y Miller, ya que éstos consideran que existe una moralidad, haciendo referencia a la moralidad kantiana en toda asociación política. (MARGALIT, A.; RAZ J., 1990) Es decir, la comunidad política es un bien común y por lo tanto no puede ser considerado como un mero instrumento organizativo de gestión pública. Los pueblos y las comunidades políticas no solo basan su autonomía en el consentimiento hacia el pacto para una gestión conjunta, sino también en sentimientos de identidad, cultura e historia compartidos.

Miller[1] sostiene que la autodeterminación surge cuando existen identidades excluyentes y por lo tanto, irreconciliables. Sin embargo, las naciones ni siquiera dentro de sí mismas son homogéneas, las diferencias locales y la diversidad es un hecho incuestionable dentro de cualquier nación. Y solo la limpieza étnica podría llevar a cualquier nación a la pureza nacional. (MOORE, 1998)

La práctica nacional no deja de ser un modelo coercitivo para imponer una identidad, que no trata de poner solución al acceso a la autonomía política a través de la autodeterminación, sino que está en el ámbito de la construcción nacional. Por lo tanto, las naciones no pueden ser sujetos del derecho a la autodeterminación. Si nos basamos en Beran, la titularidad de este derecho en cuestión debería recaer en los ciudadanos. En definitiva, parece que la teoría nacional hace del derecho a la autodeterminación como una imposición nacional y no un derecho para la autonomía, lo que obligaría a redibujar todas las fronteras.

A pesar de ello, no es menos válido considerar que el factor cultural es un elemento a tener en cuenta: la lengua y las costumbres nacionales, si quieren sobrevivir en un mundo global, necesitan de protección, ya que el liberalismo es el primer paso para la imposición de las culturas más fuertes sobre las débiles, así como la marginación de grupos nacionales menores. No por ello, la secesión por motivos nacionales estaría justificada.

El nacionalismo se entendería como imposición nacional sobre determinados asuntos en un territorio concreto, es decir, el territorio que se considera soberano al conjunto de sus ciudadanos no por criterios de la existencia de voluntades convergentes en todo el territorio sobre la necesidad de una gestión conjunta; sino por la idea dogmática que a los ciudadanos de este territorio les corresponde una gestión soberana conjunta bajo preceptos como la historia, la identidad, la raza o motivos de guerra.

Bajo estos criterios debemos reconsiderar el principio de indisolubilidad de una nación, ya que solo se le puede atribuir a una fundamentación dogmática preconcebida, pues este principio no supone la unidad como la voluntad de todos los territorios y ciudadanos de permanecer unidos, sino que supone la unidad como algo imperativo.

Redibujar las fronteras por motivos nacionales, no solo no supone una eliminación del Estado burocrático, sino que pasa de la rigidez estatal por herencia de la guerra y la dominación a otra rigidez estatal por motivos de raza, cultura e identidad.

El principio democrático entra pues en juego a la hora de considerar si estamos trabajando con imperativos nacionalistas o estatistas o simplemente voluntades de autogestión. La clave para distinguir si se trata de una forma u otra es el principio democrático para comprobar la existencia de una voluntad divergente/convergente que reclama autonomía y observar dentro de la heterogeneidad de un movimiento qué es en general lo que motiva dicho movimiento, si son preceptos dogmáticos o una real voluntad diferente/igual a la general.

Por otra parte, Simon Caney[2], siguiendo las tesis de Buchanan, cuestiona el principio democrático al no solucionar el problema de la minoría, es decir, si una minoría territorial se autodetermina de un Estado mayor, este nuevo estado crearía dentro de su territorio nuevas minorías que no reconozcan al nuevo Estado (CANEY, 1997) . Esta idea no aportaría ninguna solución porque dejaría a minorías en un Estado secesionado al que no dieron consentimiento. Además, se podría dar a pie a que la nueva mayoría nacional oprimiera a la nueva minoría. Por eso, Beran condiciona la secesión a que el Estado secesionado debería respetar los derechos a las minorías, pero nunca las minorías imponerse para negar el derecho a la autodeterminación.

El principio de la indisolubilidad del Estado es fundamental de la teoría de Buchanan, que considera a la soberanía como propiedad del conjunto del Estado y por lo tanto, el principio de integridad territorial se vuelve rígido y solo considera la secesión bajo motivos reparadores de injusticias. El problema de la teoría de Buchanan es que probablemente podría obligar a la comunidad política a emigrar ante la imposibilidad de autodeterminarse, puesto que su tierra ha sido ocupada por un Estado que le es completamente ajeno. Pero parece una evidencia considerar que es un derecho moral vivir en la tierra natal y como tal el derecho de autogobernarse sin la dominación de terceros. (BUCHANAN, 2003)

 Según Adam Watson[3], los Estados independientes nuevos que nacen tienen obligaciones consigo en su interior y con el exterior, por lo tanto, es de considerar que la legalidad internacional debería regular el acceso a la independencia en el sentido de garantizar el compromiso de los estados secesionados a proteger los derechos fundamentales de las minorías. Lo que la negación al derecho de secesión por parte de la teoría estatista no tendría sentido, puesto que las minorías del nuevo Estado estarían bajo la protección normal de toda minoría. (WATSON, 1997)

En conclusión, la teoría estatista y nacionalista, deberían ser reconsideradas hacia otro ámbito de la teoría política para dejar de ser teorías para secesión, puesto que la nacional se entendería más como una teoría para la construcción nacional y la estatista para la petrificación de los estados actuales. Por eso, la teoría de Beran parece dar mejor respuesta a la cuestión de la secesión, sin embargo, deben ser considerados nuevos elementos como la cultura y la identidad propias del nacionalismo, cuya existencia parece innegable y establecer mecanismos para una secesión controlada que no suponga una volatilidad de todo el sistema a capricho de los ciudadanos ocasionando un peligro para toda minoría como apunta la teoría estatista.

Asimismo, reconsiderar la teoría liberal hacia la incorporación de nuevos principios que supongan la eliminación del Estado hacia una nueva estructura: Garantizar los derechos de toda minoría estatal territorializada o no, de toda nación e identidad cultural, de seguridad y reconocimiento de las nuevas estructuras de todo Estado independiente, haya surgido o no de la secesión no es posible si no se acaba con el Estado burocrático. El principio de autonomía carece de valor bajo la estructura estatal, reconsiderarlo, permitiría resolver el acceso a la autonomía, dar valor al principio de la voluntad popular y proteger toda minoría.

 

[1] En National Self-Determination and Secession [Autodeterminación y secesión Nacional] de  Margaret.Moore del 1998 se hace referencia a Miller entorno a la necesidad de permitir la secesión a cuerpos nacionales que no se reconocen entre sí, que son excluyentes y que por lo tanto, siempre hay uno, el estatal o el nacionalismo fuerte que domina al débil.

 

[2] En Self-Government and Secession: the Case of Nations [Autogobierno y secesión: el caso de las Naciones] coge los argumentos de Buchanan, reconoce que existe un problema frente a las minorías territorializadas dentro de un Estado, sin embargo, la secesión no es la solución porque dentro del nuevo Estado también se pueden crear nuevas minorías que se sentían identificadas con el anterior Estado. Lo que la secesión como protección a una minoría nacional no podría estar justificada porque dentro del nuevo Estado se crearía otra nueva minoría nacional.

 

[3] En The limits of independence, relations between states in the modern world [Los límites de la independencia, las relaciones entre los estados en el mundo moderno] argumenta que la comunidad internacional impone a los Estados una serie de condiciones para poder ser reconocidos, y por lo tanto, el control sobre derechos a la minoría podría ser más estricto.

 

[1] En Las teorías democráticas de la autodeterminación y secesión de se trata de un estudio del profesor Ignacio María Beobide Ezpeleta sobre las diferentes teorías democráticas de la secesión y trata precisamente sobre las tres que se tratan en este trabajo.

[2]En National Self-Determination [Autodeterminación Nacional] de Avishai Margalit; Joseph Raz de 1990 niegan la teoría de Buchanan al poder condenar a grupos nacionales minoritarios a la secesión, ya que para estos autores es de derecho que una nación pueda autodeterminarse y establecer un gobierno e instituciones propias.

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