El Estado

El Estado como lo conocemos hoy representa una organización social en un territorio fijo con unas instituciones de gobierno y control. Éste se dota de órganos que le permiten el monopolio de la fuerza y del imperativo de la legalidad, es decir, la capacidad para usar la coerción sobre una población concreta. El uso y la legitimidad de la coerción y la fuerza por parte del Estado depende de la configuración en el que se desarrolla el mismo, no obstante, el objetivo de este trabajo no corresponde a analizar las diferentes formas de Estados, sino a cuestionar los fundamentos mismos del Estado actual como fuerza de coerción legitimada y establecida en el tiempo como así el acceso a la autonomía política por parte de comunidades políticas.

Para ello, se muestra necesario el análisis por el cual el Estado actual se ha consolidado como un cuerpo autónomo del resto y  establecer nuevos fundamento para el acceso a la autonomía política por parte de las comunidades políticas eliminando los vicios del Estado: la guerra, la coerción y la asimilación.

La primera pregunta a efectuar cuando se aborda una cuestión relativa a la autonomía política de sujetos territoriales llamados comunidades políticas es preguntar qué es un sujeto territorial con autonomía política.

Un sujeto es considerado como un ente dotado de capacidad para la concreción material en forma de única voluntad autónoma. Por eso, actualmente solo los Estados nacionales son reconocidos como sujetos políticos dotados de capacidad para ejercer el control y la fuerza sobre un territorio. Toda organización social distinta al Estado está en mayor o menor medida sujeta al dominio que éste posee sobre la tierra.

Para dotar de fundamentación teórica al acceso a la autonomía política por parte de una población en un territorio concreto, en primer lugar, cabe analizar el acceso histórico por el cual los Estados se han ido formando, y en segundo lugar, por el cual han adquirido dicha autonomía política; para finalmente encontrar la fundamentación por la cual los Estados deberían acceder a la autonomía.

a)    El origen del Estado: La ciudad-Estado

¿Cuál es el origen del Estado actual? ¿Dónde podemos establecer el inicio de un relato histórico sobre algo que ha variado tanto en forma?

Resulta realmente complicado establecer un punto de origen del Estado debido a su forma cambiante, no obstante, es posible encontrar el origen del concepto “Estado” en la filosofía griega como organización social y política.

Aristóteles lo definía como una asociación política.[1] En aquella época el Estado estaba configurado por una comunidad de personas concentradas que residían en una ciudad delimitada territorialmente por el continuo urbano de la ciudad. Cuando la urbanidad cedía al paso a la ruralidad, la polis encontraba su fin junto a sus dominios rurales. (ARISTÓTELES, 2012)

De hecho, la ciudad como un continuo urbano es de hecho la comunidad política menor que ha existido hasta hoy en forma de Estado, ya que cualquier casa, barrio o distrito de un continuo urbano tiene la necesidad inmediata de pactar para gestionar conjuntamente con el resto del continuo. En el continuo urbano se crea por lo tanto, el espacio público.

Sin embargo, nada tienen que ver las ciudades-Estados de aquella Grecia clásica con los Estados actuales. El Estado ha pasado por múltiples formas hasta acabar formado por diversas ciudades y extensas áreas rurales y forestales.

La formación del Estado desde las polis griegas hasta el Estado actual ha pasado por el dominio, la guerra, la asimilación, el colonialismo y la conquista de la tierra y en consecuencia el sometimiento de los pueblos que habitaban la tierra por otras personas, pueblos o élites de los mismos que se mostraban poderosos, hasta la democratización del Estado cuando los habitantes dejaban de ser súbditos a ser libres.

Por esa razón, se establecen dos periodos para la formación del Estado: la creación del Estado burocrático basado en la asimilación territorial y del Estado federal como resultado inevitable de descentralización tras la democratización y demandas de autonomía política por hombres libres.

b)    La asimilación territorial: la conquista y el Estado burocrático

La actual configuración de los Estados se debe a la conquista y no a una organización racional y democrática, de ahí, la formación del actual Estado burocrático. La conquista como la asimilación territorial es abordada por Rousseau como un problema elemental y que es base y fundamento de la actual configuración de los Estados. (ROUSSEAU, 1992)

En el Estado burocrático surgido de la asimilación, los ciudadanos son súbditos del Estado, ya que “el derecho de conquista no tiene otro fundamento que la ley del más fuerte.”(ROUSSEAU, 1992, pág. 19) Y el fuerte domina al débil y si éste es el pueblo, el mismo es sometido al poderoso. El feudalismo consistió precisamente en la dominación de pueblos por parte de señores feudales, que consideraban la tierra conquistada como su finca privada, y sus residentes, los súbditos dependientes del señor.

“¿Cómo podrá un individuo o pueblo apoderarse de un territorio inmenso privando de él al género humano de otro modo que por una usurpación punible, puesto que arrebata al resto de los hombres su morada y los alimentos que la naturaleza les ofrece en común?” (ROUSSEAU, 1992, pág. 29-30) A través de la conquista, de la necesidad de la gente, de la fuerza y el poder.

La conquista pues, ha sido “el punto de partida de todos los Estados, antiguos y modernos, no podrá ser puesto en duda por nadie, puesto que cada página de la historia universal lo prueba suficientemente.” (BAKUNIN, 1977, tomo 4, pág. 185)

Así, el Estado es la herencia de lo que se ha ido gestando a lo largo de la historia de la conquista y la asimilación territorial.  Weber, por ejemplo, afirmaba que la organización política construida en la antigüedad consiste en que todo señor feudal y todo propietario de la tierra se aprovisiona de bienes materiales que “trata de mantenerlos en sus propias manos, administrándolos mediante gentes dependientes de él, esclavos, criados, servidores, favoritos personales o prebendados, retribuidos en especie o en dinero con sus propias reservas. Intenta, igualmente, atender a los gastos de su propio bolsillo, con los productos de su patrimonio, y crear un ejército que dependa exclusivamente de su persona porque se aprovisiona y se equipa en sus graneros, sus almacenes y sus arsenales.” (WEBER, 1967, pág. 90) Este es el origen de la dominación feudal por la cual el Estado ha heredado tales estructuras de dominio territorial y organización política.

La organización feudal, como toda asociación estamental, requiere que el señor feudal  gobierne con una aristocracia, a la vez que sus dominios aumentan.En consecuencia, “se ve obligado a compartir el poder, en este otro tipo de asociación se apoya en domésticos o plebeyos, en grupos sociales desposeídos de bienes y desprovistos de un honor social propio, enteramente ligados a él en lo material y que no disponen de base alguna para crear un poder concurrente.”(WEBER, 1967, pág.90)

Toda forma de dominación patriarcal y patrimonial ha dado origen al Estado burocrático cuya forma actual es, precisamente, el Estado que conocemos hoy en día.

Sin embargo, al finalizar el feudalismo, nuevas clases sociales apoderadas de bienes materiales y recursos para la subsistencia conquistaron las estructuras estatales creadas en el feudalismo. Los propietarios, adinerados y empresarios se apoderaron de las estructuras burocráticas del Estado feudal para crear una organización política que atendiera sus demandas. Estas estructuras a lo largo de la historia se han ido adaptando a nuevos principios como los democráticos, los de la separación de poderes y los derechos fundamentales, así como el derecho a la propiedad, naciendo así, el republicanismo y el liberalismo político.

En consecuencia, los Estados llamados democráticos y nacionales, cuyo nombre se debe a la organización y forma interna, no dejan de ser burocráticos porque conservan la estructura por la cual fueron creados: la dominación; se han consolidado bajo un territorio fijo delimitado por unas fronteras heredadas básicamente de la conquista.

Estos Estados organizados inicialmente como aparatos de dominación feudal adquieren una nueva forma moderna. Tales estructuras estatales pasan a ser de un aparato para la dominación, a un medio más para la explotación, en este caso de la clase burguesa. Ésta que ha adquirido la herencia de los Estados surgidos por la conquista de los aristócratas, los hace invariables y somete al pueblo a través de la necesidad. Por ello, mantiene al pueblo constantemente necesitado por sobrevivir, necesitado de venderse constantemente al mejor postor, condenándolo a un estado peor que el esclavismo. Se alza un valor ficticio de que la nación es soberana sin que el pueblo lo sea de hecho. El trabajador absorbido por su trabajo, sin tiempo libre y sometido a la explotación de la élite dominante, con una formación inferior; se ve obligado a poner en manos su soberanía ni más ni menos que a la clase burguesa dominante. La condición de súbdito no parece cambiar, la dominación bajo la forma de explotación no merece distinción conceptual alguna debido a sus consecuencias idénticas.

El Estado mismo además, parece ser abordado siempre como un ente perpetuo, inamovible en el tiempo. El análisis de las modificaciones estatales se mantiene en el orden del análisis histórico de la guerra pero nunca teórico; el Estado es fundamentado como invariable en todos los casos, indivisible al parecer.

Si el objetivo consiste en reformular la conquista y la dominación y apoderar al pueblo que habita un territorio sobre la organización política que le somete, se debe buscar la vía por la cual un cuerpo político adquiere autonomía política. Sin embargo, a pesar de que la concepción de Estado ha ido variando a lo largo de la historia, esto no ha supuesto que se abordara filosóficamente la cuestión territorial. Por ese motivo, partes sometidas a un conjunto mayor, han tenido que recurrir a la fuerza para romper los dominios del Estado y establecerse y autodenominarse como sujeto político autónomo, es decir, un Estado independiente. De este hecho se derivan los movimientos de liberación nacional.

Actualmente, toda comunidad política que haya tenido la fuerza suficiente a lo largo de historia para mantenerse como un único cuerpo poseído de autonomía política y por lo tanto considerado como sujeto político, es hoy un Estado independiente en la comunidad internacional. Aquellos cuerpos políticos que han caído bajo la dominación de otros, se mantienen sometidos a un conjunto mayor.

Por eso, la teoría general del Estado define al mismo como un cuerpo con una sola soberanía indivisible, cuya voluntad se expresa bajo la llamada voluntad general. (KELSEN, 2002) La concepción del Estado filosóficamente solo se aborda desde una base de no-cuestionamiento de la delimitación actual de su territorio, además basa la política como una organización interna y unas relaciones de igualdad con el resto de Estados soberanos sin cuestionar la misma unidad política.

La democratización y empoderamiento del pueblo para el control de las estructuras políticas del Estado requieren considerar las demandas de autonomía política de todo pueblo, de ahí la necesidad de atender las demandas locales a través de la descentralización, pero ¿qué éxito ha tenido esta fórmula?

c)     El Estado federal

A través de la petrificación de los Estados heredados de la dominación cuya base filosófica se fundamenta en no cuestionar tales dominios y considerar tal herencia como un único cuerpo, surgen nuevas corrientes filosóficas que tratan, respetando dicho fundamento, el problema de las divergencias internas de los Estados y el derecho a la autogestión y gobernanza. Esto es abordado por autores como Haesbaert, Elazar y Boiser[2], los cuales han trabajado han trabajado sobre una base federalista o de regionalización de los Estados como solución a la existencia de una confrontación de voluntades divergentes dentro de la unidad Estatal.

Elazar argumenta que el federalismo es la solución a las demandas de autonomía ya que soluciona la cuestión del Estado centralista y lo vuelve plurinacional, es decir, que respeta la autonomía de las minorías territoriales. (ELAZAR, 2011)

Sin embargo, la teorización federalista o regionalista que hace hincapié en la autonomía dentro de un Estado sin el derecho a la secesión, no hace más que ahondar en la perpetuidad del mismo como único cuerpo indivisible. Se reconoce que es “verdad que la autodeterminación no ha existido en ninguna de las Constituciones federales conocidas hasta ahora; […] aquí surge bajo una nueva forma la concepción de <eternidad> del Estado” (KELSEN, 2002, pág. 376)lo cual nos remite a una idea de una configuración territorial que parece que se vuelve eterna e invariable.

El federalismo entendido como concesión de autonomía de un Estado central a una región, deja el derecho a la autonomía política a la buena voluntad del gobierno central, ya que una comunidad minoritaria nunca tendrá el peso suficiente para influir en una comunidad mayor. Lo que demuestra que existe la dominación sobre minorías por parte de colectivos mayores que no reconocen al Estado central como propio, ya que el federalismo sin el derecho a la secesión no soluciona nada. Sin el derecho a la secesión, el federalismo no es más que una centralización enmascarada.

Como todo Estado centralista, cuyo origen es un Estado burocrático “fundado esencialmente sobre un acto ulterior de violencia, la conquista, […] consagrado por el tiempo y por lo mismo transformado en derecho histórico, y apoyándose en esa divina consagración de la violencia triunfal como sobre un derecho positivo y supremo, […] en el interior constituirá, por necesidad, una declaración permanente de guerra, una amenaza contra la existencia de todo Estado.” (BAKUNIN, 1977, tomo 3, pág. 52).

La relevancia de la idea reflejada en el párrafo anterior demuestra que sólo aquello que se haya mantenido fuera de la dominación por parte de los Estados vecinos y se haya impuesto en la comunidad internacional como sujeto independiente, tiene derecho a poseer de autonomía y nada más, todo lo relativo a la política interna de los Estados, quedaría en manos de la arbitrariedad y buena fe de un Estado central, consagrando el principio de dominación interna a toda minoría que quiera ser autónoma del cuerpo mayor.

Abordar esta cuestión como un problema interno de un Estado, dónde la comunidad internacional no debe influir, ha llevado a conflictos en la actualidad dónde se condena a las comunidades políticas no autónomas a seguir recurriendo a la fuerza para adquirir una autonomía política similar a la de un Estado independiente.

El federalismo sin derecho a la secesión falla al no solucionar el problema del acceso a la autonomía real por parte de otros cuerpos que no lograron constituirse como Estados independientes. Lo que nos lleva a considerar la teoría sobre la secesión política, ya que ésta cuestiona la rígida concepción de Estado y también la perpetuidad del mismo como ente indivisible como no lo hace el federalismo clásico.

Por lo tanto, en virtud de los principios de apoderamiento del pueblo para las estructuras políticas y del acceso a la autonomía política como un derecho más legítimo que la conquista histórica, y bajo la voluntad de establecer unas relaciones humanas alejadas de la guerra, el conflicto y la dominación, se considera que el derecho a la secesión y la autodeterminación debe existir. Ahora queda delimitar su ámbito de actuación y la fundamentación por la cual se accede ¿cómo se podría fundamentar el derecho de una comunidad política cualquiera, a adquirir el derecho a su autonomía política en las relaciones internacionales? ¿Bajo qué fundamentos?

[1]Aristóteles en el Libro I de su obra Política, define a la ciudad como una comunidad cívica, que es autosuficiente, y en su Libro VI argumenta sobre la democracia y el hecho que la comunidad política entorno a su gobernanza es en realidad un pacto, una asociación política que se dota de gobierno para la administración de los bienes, como toda casa.

[2] Se argumenta sobre la necesidad de descentralizar los Estados para dar respuesta a demandas de grupos diferenciados de dentro de los diferentes Estados. El análisis de los Estados plurinacionales o con diferentes lenguas y culturas representa para estos autores un éxito para que el Estado no se convierta en un aparato uniformador y se dé la posibilidad para la cabida por parte de estos territorios en el seno del Estado. (BOISER, 1990) (ELAZAR, 2011) (HAESBAERT, 2010)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s