La teoría liberal de la secesión por Beran

Harry Beran representa un autor cuya influencia se basa en el liberalismo democrático. A partir de aquí desarrolla un tema olvidado para la filosofía política: el derecho de secesión.

De acuerdo a la teoría democrática el pueblo es soberano. ¿Es esta soberanía un atributo colectivo de todos los ciudadanos de un estado existente, o pueden  algunos de ellos ejercer su parte de soberanía para establecerse ellos mismos  como estado independiente? La regla de la mayoría es tenida como parte esencial de la democracia. ¿Pero es el poder de la mayoría moralmente legítimo si una minoría concentrada territorialmente no reconoce la unidad del estado? De acuerdo al liberalismo, la libertad es el mayor bien político. ¿Esto implica la libertad de secesión?… ¿Bajo qué condiciones, si las hay, está la secesión moralmente justificada? ¿Bajo qué condiciones, si las hay, está moralmente justificada la fuerte prevención contra la secesión? ¿Existe un derecho moral a la secesión? Si lo hay, ¿quiénes son candidatos a tal derecho: naciones miembros de estados multinacionales, estados miembros de federaciones, cualquier grupo dentro de un estado con territorio propio y voluntad de secesión?[1]

Según el desarrollo argumental de Beran éste dice que en la teoría democrática es la gente la que tiene la soberanía y por lo tanto entramos en las reglas del principio de la mayoría. Sin embargo, encontramos que no podemos en la actualidad mantener petrificados a los actuales Estados-Nación surgidos de avatares de la historia distintos a la voluntad de los individuos. Si que es cierto que los individuos pueden emigrar o cambiar de nacionalidad, pero ¿y si su voluntad es constituirse como una nacionalidad nueva?

Se argumenta que diferentes colectividades territorialmente concentradas pueden tener una voluntad general diferenciada de la de otras realidades sociales de otro territorio. A diferencia de la teoría individualista extrema, en las teorías de la colectividad podemos encontrar respuestas adecuadas sobre lo que se refiere a la legislación y la gestión de los recursos comunes.

A lo largo del tiempo de nuestra historia se ha hecho evidente la tradición de considerar una serie de bienes y servicios como comunes. Esto se debe a la necesidad imperiosa de la sociedad de organizarse y cooperar por el bien general. De ahí la necesidad de gestionar de forma cooperativa los recursos y de establecer unas normas generales para la seguridad de los individuos que conforman la sociedad.

Existen por lo tanto entes de personas que viven en un territorio que pueden conformar una voluntad general única y diferenciada de otra. La teoría de la soberanía dice que voluntades divergentes no pueden compartir una misma soberanía y que por lo tanto, voluntades de autonomía sobre determinados asuntos deben ser escuchadas y los territorios deben ser libres de poder decidir su devenir, ya sea en materia de legislación o en materia de gestión.

Así pues como Beran argumenta, la unidad como principio de indisolubilidad de un Estado no puede basarse en la fuerza, sino en el consenso y la libre voluntad de permanecer unidos puesto que, en las sociedades democráticas las relaciones son voluntarias. Así pues el contrato social no puede condenar a generaciones futuras al derecho de poder reorganizarse políticamente.

Todo pueblo, sociedad territorialmente concentrado, que se organice libremente con instituciones de organización colectivas propias y que desee la soberanía sobre diferentes materias, debe tener el derecho de ejercer esa autonomía de forma democrática, en un sentido estricto, debe representar a la voluntad general de la región con aspiraciones de gestión y/o legislación diferenciadas del resto.

El concepto de colectividad territorialmente concentrada surge a partir de la voluntad de organizarse políticamente y democráticamente, y el concepto de soberanía entendido como derecho a decidir, surge a partir de la voluntad autónoma de autogestión y legislación propia y diferenciada.

Sin embargo, la realidad en el mundo es diferente pues la soberanía no pertenece a las diferentes voluntades divergentes sino a las naciones o los Estados, creados de forma artificial, ya sea por la fuerza, por herencia histórica, o impuestas desde fuera. Esto ha generado siempre conflictos, movimientos independentistas en todo el mundo, movimiento en contra de la colonización y conflictos en materias competenciales.

Basándonos en la teoría liberal se considera que el nacionalismo se entendería como imposición soberana única sobre determinados asuntos en un territorio concreto, es decir, territorio que se considera soberano al conjunto de sus ciudadanos no por criterios de la existencia de voluntades convergentes en todo el territorio sobre la necesidad de una gestión conjunta; sino sobre la idea dogmática que a los ciudadanos de este territorio les corresponde una gestión soberana conjunta por criterios dogmáticos como la historia o motivos de guerra y por lo tanto la secesión por motivos nacionales no estaría justificada.

El principio de indisolubilidad de una nación solo puede atribuirse a un componente dogmático, pues éste no supone la unidad como la voluntad de todos los territorios y ciudadanos de permanecer unidos sino que supone la unidad como algo imperativo.

El principio democrático entra pues en juego a la hora de considerar si estamos trabajando con componentes o exigencias nacionalistas deterioradas o simplemente voluntades de autogestión legítimas.

La clave para distinguir si se trata de una forma u otra es el principio democrático para comprobar la existencia de una voluntad divergente/convergente que reclama autonomía/soberanía y observar dentro de la heterogeneidad de un movimiento qué es en general lo que motiva dicho movimiento, si son preceptos dogmáticos o una real voluntad diferente/igual a la general.

Por lo tanto, Beran dice que la secesión debería ser permitida siempre que sea moralmente posible, es decir si existe una voluntad expresa detrás. Sin embargo pone condiciones, los las cuales considera que debería estar prohibida: (1) Si es demasiado pequeño para hacerse cargo de la gestión, (2) si no está preparado para permitir que subgrupos existentes en su interior se separen, (3) si busca explotar u oprimir a subgrupos internos que no pueden a su vez separarse por motivos de dispersión territorial u otros, (4) si ocupa un área totalmente cercada por las fronteras de un estado existente, (5) si ocupa un área que es cultural, económica o militarmente esencial para el estado existente; (6) si ocupa un área que cuenta con una parte desproporcionalmente alta de los recursos económicos de los estados existentes.

Sin embargo estas prohibiciones a mi parecer no se sustentan por razón alguna: (1) hoy en día existen micro-Estados completamente viables, (2) si existen subgrupos disgregados deben tienen el derecho a cambiar de gobierno y condicionar a la sociedad, si están concretados se supone que se aplica el mismo derecho de secesión, (3) hoy en día existen los derechos de las minorías y por lo tanto no debería afectar al derecho de secesión, (4)hoy en día existen Estados viables completamente cercados por otros Estados y eso no debería afectar a el derecho autogobernarse como Estado, (5) si por ocupar un área cultural, militar o económicamente importante para el Estado matriz no tiene derecho a la secesión se podría estar justificando el colonialismo y (6) por el mismo motivo que el anterior.

 

Bibliografía

BERAN, Harry, “A Liberal Theory fo Secession”, Political Studies (1984): 21-31.


[1]  Harry Beran, cita: p. 22.

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