Cuestionamiento de las bases que fundamentan las críticas de L. von Mises y de F. von Hayek al marxismo

Dicen que la sociedad no es un sistema racionalmente organizado sino un orden espontáneo, así empieza la tesis capitalista de Mises y Hayek. Dicen que existe un proceso social, un proceso que tiende hacia una evolución. Ésta viene marcada por la espontaneidad. Se trata pues de un proceso constituido en base al conocimiento y se muestra coordinativo.

Hayek y Mises argumentan que cuando se produce un desajuste en tal proceso coordinativo espontaneo es cuando se genera una oportunidad de ganancia, de ahí el incentivo. La crítica principal al marxismo se encuentra en básicamente la gestión central de la economía y en sus fundamentos morales.

Hayek y Mises argumentan que pretender mejorar la sociedad utilizando la coacción institucional es un error: en primer lugar porque no se dispone de suficiente información para controlar el mercado y para conocer las preferencias de los individuos y en segundo lugar porque representa un ataque directo a la libertad individual.

Mises demuestra que la utilización sistemática de la coacción y de la violencia en la gestión central de la economía impiden que el hombre persiga libremente sus fines, eliminando la existencia del incentivo.

Se atribuye a la creación del derecho a la propiedad como un indicativo de la evolución natural de la organización cooperativa social. El derecho a la propiedad se fundamenta en la tradición, en la experiencia misma de la sociedad que encontró un mecanismo para evitar el robo, para garantizar la generación de sus frutos. Pretender socializar la propiedad privada solo traería la inseguridad del que con su esfuerzo trabaja. Se acaba el incentivo.

Todas las instituciones que existen hoy en día son fruto de un orden espontaneo y por lo tanto, existe una imposibilidad para el cálculo económico socialista. La gestión planificada es irrealizable, el hombre debe ser el mismo quien debe escoger y ser libre de escoger que planes hacer en su vida. La interferencia de un planificador para Hayek y Mises resulta atroz. Por eso son partidarios de reducir el Estado a la mínima expresión, reconocen que son incapaces de argumentar tesis anarcocapitalistas, sin embargo, coinciden en su reducción paulatina.

Se fundamenta pues una concepción marcadamente artificial para  la naturaleza del Estado, el colectivo pierde el poder en favor de la libertad individual.

Es decir, de forma sintética Mises desmonta la teoría de la gestión central, la del planificador de la economía como óptimo para resolver problemas morales del mismo sistema capitalista que propone Marx. Hayek añade que el sistema capitalista, siguiendo las tesis de Mises, es un orden espontaneo basado en la libertad individual. Ésta conduce al progreso social, es decir, a través de este orden coordinativo espontaneo que surge a través de la libre voluntad de los individuos de encaminar su vida, alcanzar objetivos y metas.

Sin embargo, se debe tener en cuenta un fundamento primordial en la teoría de Mises y Hayek. Toda la teoría de Mises y Hayek se sostiene sobre un punto dogmático: se trata de la concepción liberal de la libertad.

Hobbes, aunque conocido como un defensor del absolutismo en su magnífica obra el Leviatán, es sin duda el padre de la concepción liberal de la libertad, el que puso las raíces para que posteriormente Isaiah Berlin recogiera los frutos de un ideal que llegó a definirse como dos libertades, la negativa y la positiva[1]. La libertad negativa es aquella defendida por los autores liberales. La libertad negativa se entiende como la falta de interferencia, la falta de coacción a las preferencias y voluntades de los individuos, cosa distinta es que posibilidad de ejecutarlas.

El hombre nace igual y libre. Hobbes, el verdadero precursor del liberalismo, el que puso al hombre subordinado a los derechos naturales y no a leyes metafísicas como hace Aristóteles; debe entenderse que la primera concepción diferenciada es la igualdad innata considerada como ausencia de desigualdad a la hora de poder ejecutar todo deseo de voluntad en el hombre natural. El hombre es diferente pero esta diferencia no genera desigualdad a priori, todos tienen la misma oportunidad de poder ejecutar sus deseos, ya que la diferencia no es equivalente a la desigualdad.

La igualdad de oportunidades se haya en este principio rector de la filosofía de Hobbes. Ésta se haya en la forma natural del ser. El estado de naturaleza es un estado de igualdad y libertad ‘donde cada uno tiene derecho natural a hacer cuanto desee; su derecho se mide por su poder.’ (J.M. Bermudo, 1998, 65)

Resulta extraordinario como Mises y Hayek parten de la misma premisa original que el ideal libertario del individuo. La igualdad inicial se hace necesaria en la teoría de Hayek y Mises pues es el fundamento de la libre competencia. No importa la desigualdad posterior, pues es consecuencia misma de la libertad de los hombres por haber escogido opciones distintas.

La aportación que hago a esta tesis es una reformulación de la libertad partiendo de Isaiah Berlin para poner en cuestión todo fundamento de Hayek y Mises y volver así a Marx. Así pues, es una evidencia la existencia de un individuo, un individuo capacitado para crearse sus propias normas internas, consciente de que piensa y existe, capaz de tener preferencias, deseos y voluntad. ‘Cogito ergo sum’ (Descartes, 1637), a esto se le llama autonomía. Todo ser capacitado de voluntad propia está sujeto al principio de autonomía.

Es decir, un individuo tiene preferencias y de ahí crea su voluntad. Sin embargo también está condicionado por su capacidad, por lo tanto la voluntad viene condicionada por su capacidad física y mental, además de sus preferencias individuales. Los individuos pues transforman su voluntad en acciones, ya sea de no respuesta o respuesta. Isaiah Berlin definió la libertad negativa como la falta de interferencias sobre la voluntad humana. Una opresión o coacción directa a la voluntad.

Libertad significa, propiamente, ausencia de oposición; por oposición quiero decir impedimentos externos del movimiento […] Un hombre libre es aquel que, en aquellas cosas que puede hacer en virtud de su propia fuerza e ingenio, no se ve impedido en la realización de lo que tiene voluntad de llevar a cabo. (Hobbes, 1651, 187)

Hasta aquí la concepción libertaria de la libertad. Fundamento y base en la que sostienen toda la teoría crítica de Mises y Hayek contra Marx. El hombre libre que se coordina espontáneamente con la sociedad a través de su libertad.

Sin embargo, resulta que toda acción o no acción del individuo repercute en la sociedad misma, puesto que él forma parte de la sociedad. No podemos concebir al individuo como aislado de su natural medio gregario. De hecho, una prohibición coercitiva directa a un individuo no es más que la libertad de unos contra otros. El hecho de que un individuo sea violentamente limitado en su libertad individual implica que otro está haciendo uso de su libertad para limitar la ajena. Eso se debe estar prohibido, argumentan los liberales, de ahí el derecho a la propiedad.

Lo paradigmático del asunto es como refleja Isaiah Berlin en su discurso sobre la libertad positiva y negativa, entendiendo como verdadera la libertad negativa, es que si un hombre es lo suficientemente pobre para no poder pagarse el trozo de pan tiene la misma libertad que si la ley se lo prohibiera.

Se habla de esclavitud u opresión si se cree que uno se encuentro en estado de necesidad. El estado se necesidad se consigue cuando la libertad individual, la negativa, no está limitada por nada y genera que los hombres se obstaculizan entre sí. Las libertades de los débiles serían suprimidas por las de los fuertes. La libertad de uno depende de la contención de otros. ‘La libertad del pez grande es la muerte del pez chico.’(R.H.Tawney, 1931).

Hayek y Mises argumentarían que el hombre que es lo suficientemente pobre aún tiene medios para poder conseguir el dinero suficiente para conseguir pan, mientras que el que lo tiene prohibido, no. Y por lo tanto, aunque temporalmente no pueda, en un futuro puede buscar medios para conseguir pan y por eso es libre de perseguir el fin de comer pan.

Sin embargo, el individuo se debe a su propia supervivencia, el tiempo juega en contra de la supervivencia misma de un individuo sin alguna propiedad. No hace falta argumentar hasta que tal punto la realidad demuestra que el hombre es capaz de robar para garantizar su propia supervivencia cuando el acceso a medios para conseguir una alimentación suficiente se haya completamente cerrado. En un grado u otro el hombre necesitado sometido a opresión directa o indirecta cerrado por completo a la posibilidad de acceder a medios para perseguir como mínimo la garantía de su propia supervivencia es capaz de hacer uso de la violencia para conseguir tales fines. El hombre que es lo suficientemente pobre como para no poder comprar un trozo de pan y el hombre que tiene prohibido adquirir ese trozo de pan, si de ese trozo de pan depende su supervivencia y el tiempo no juega en su favor, su reacción final es la misma en ambos casos. Ninguno de los dos hombres es más libre que el otro, se trata de una ilusión que genera la opresión directa versus la opresión indirecta.

Cierto es que ofrecer libertad negativa, una falta de opresión directa a hombres medio desnudos, analfabetos, desnutridos y enfermos es ridiculizar su condición; necesitan de atención médica o educación antes de que puedan entender o hacer uso de un aumento de libertad, es lo que llegó a argumentar Berlin poniendo de manifiesto a su propia contradicción liberal. La libertad no tiene valor si los seres que la poseen se encuentran en estado de necesidad, pues este estado ausenta toda libertad posible.

El paradigma que propongo es entender la libertad como un mecanismo y no como un principio. Son demasiadas las fórmulas por las cuales los filósofos han intentado definir sin mucho éxito, en relación a la unanimidad, sobre qué es exactamente la libertad. Esto tiene una explicación sencilla, la libertad no es un principio es un mecanismo que implica diversos procesos.

El individuo no nace libre, nace en libertad -entendida como mecanismo-. El individuo no puede ser libre, el individuo está en libertad, ese es su contexto, no su condición. El individuo  está condicionado por su genética y por la socialización en la que se desenvuelve, sin embargo esto no es sinónimo de esclavitud, éste evoluciona más allá de sus límites condicionantes. Pero, el individuo sí es esclavo de su propia naturaleza dependiente del medio. El individuo necesita sobrevivir. Nos encontramos pues individuos que son esclavos de su condición de seres vivos que nacen en libertad.

La libertad es un mecanismo, en el mecanismo en el cual todo individuo nace. El individuo está capacitado para la autonomía, que no es lo mismo que ser libre. La autonomía permite al individuo tener preferencias y voluntad de ser y de hacer, más allá de su necesidad para sobrevivir. La propia acción o no acción del individuo condiciona al resto.

Los individuos nacen iguales, pero entiéndase iguales como antagónico de desiguales, además, los individuos nacen diferentes, en el sentido que no son homogéneos. Es importante distinguir la diferencia entre igualdad y homogeneidad.

Al nacer los individuos en libertad, la misma naturaleza diferente del hombre produce la desigualdad. De la diferencia se hizo la desigualdad. El individuo más capacitado hace de su diferencia una desigualdad, una ventaja competitiva respecto a otros, y se impone. La libertad no deja de ser un mecanismo natural para generar desigualdad.

Volviendo a Hayek y Mises sobre su teoría fundamental de la propiedad, éstos argumentaron que precisamente es originaria de un orden espontáneo cooperativo basado en la libertad. No les falta razón, sin embargo la realidad es más perversa. El derecho a la propiedad como bien reconoció Mises implica violencia previa, es decir, apropiación. Sin apropiación no existe la propiedad.

Los primeros que comenzaron a apropiarse de los medios de supervivencia, de la tierra y demás, fueron aquellos capaces de imponerse al resto mediante la violencia. Es el mecanismo natural de vivir en libertad. Las leyes y las instituciones que conocemos hoy son resultado del orden que genera la dominación de unos sobre otros, no de un orden espontaneo de la libertad de los hombres en que pueden ejercer por igual su voluntad.

Los valores morales y los utilitaristas representan en muchos casos el fundamento para realizar una acción o no. Mas éstos no son más que inventos de los individuos dominadores sobre los dominados. Las leyes, las normas morales y las justificaciones que alejan las decisiones individuales de la lucha de poder son el invento de los poderosos para garantizar la paz.

Es una evidencia que la propiedad privada ha generado bienestar y períodos de estabilidad como argumenta Mises, pero esto no se debe a una naturaleza coordinativa, libre y consentida, sino a su naturaleza violenta. El individuo es capaz de someterse si así tiene garantizada su propia supervivencia y la historia de la humanidad está basada en este tipo de relaciones, de dominación y dominados.

Esto nos vuelve a la teoría de Marx, puesto que éste se trata de un filósofo consciente, al igual que Nietzsche, ya que comprendieron la teoría del caos entendida como la lucha de poder, dónde no existe un orden, sino la lucha constante de unos contra otros. Solo los valores morales, los utilitaristas-económicos, entre otros, sirven para generar individuos dominados no conscientes de su dominación; aceptan su limitada capacidad de autonomía y viven bajo criterios distintos a la lucha de poder. Esto genera estabilidad pero a la vez un hombre sumiso.

Marx a diferencia de Mises y Hayek, es un filósofo consciente y como tal apuesta por la lucha de los dominados contra los dominadores.

La planificación central de la economía tiene un problema técnico como demuestran Hayek y Mises, delante de la incapacidad para conocer las preferencias de los individuos. Sin embargo, el libre mercado no es más eficiente que la gestión central. Es decir, mientras el primero tiene un problema técnico el segundo tiene un problema de base.

Como argumenta Marx en El capital, la demanda de productos no viene condicionada por la voluntad libre de ciudadanos, en la mayoría de los casos por la necesidad de los mismos. Un individuo que tiene una capacidad de compra limitada y unas necesidades básicas a cubrir, no tiene capacidad como para escoger los productos que más le agraden, ni siquiera tiene la capacidad de incidir en la oferta. Cuando una acción de compra en el libre mercado viene determinada por la necesidad de un individuo y no de su voluntad, no podemos estar hablando de individuos autónomos que ejercen su voluntad.

En el libre mercado, el individuo dominado, o en inferior de condiciones que los dominadores, aquellos que tienen propiedades y por lo tanto, poder y autonomía por el encima del resto de individuos, tiende a aceptar el expolio del poderoso aceptando salarios inferiores al beneficio real que genera. La plusvalía que se queda el capitalista es el expolio de los dominadores contra los dominados. Esto se explica por la teoría misma de la libertad: el hombre tiende a buscar su supervivencia y el hombre aceptará sobrevivir renunciando a vivir antes que poner en peligro su condición.

De hecho, un hombre con las necesidades cubiertas no deja de tener incentivos para desarrollar y producir, lo que éstos sí son motivados de forma distinta a lo que lo haría la propia supervivencia. En cualquier caso, lo que nos sugiere esto es que el capitalismo se queda lejos de ser la coordinación de la diferente libertad de los individuos, sino que realmente consiste en la explotación de la miseria.

A los poderosos no les hace falta dominar mediante la fuerza, la propia dependencia del hombre a sobrevivir ya lo hace esclavo de sí mismo y de los explotadores. Que la propiedad privada exista no quiere decir que ésta se halle repartida equitativamente, esto quiere decir que existen individuos desposeídos de toda propiedad. Sin propiedad no hay medio por el cual sobrevivir y necesita el hombre someterse a aquél que si la tiene.

El capitalismo no deja de ser violencia, la propiedad privada no deja de ser un medio prohibitivo equivalente a una ley coercitiva. La libertad y la coerción no dejan de ser distintas caras de la misma moneda. Cuando el Estado se hace con el monopolio de la fuerza y la anula, es decir, no la utiliza, los mecanismos de la libertad ya no determinan la desigualdad o la ventaja competitiva en base al poder de la fuerza, sino en base a otros criterios. El capitalismo desplaza el criterio de la fuerza anulándolo bajo el derecho de la propiedad, lo que la dominación ya no será bajo el ser más fuerte, sino bajo el que posee más medios de producción. Marx comprendió que solo bajo otro monopolio de Estado, en éste caso el de los medios de producción y la economía planificada, se conseguiría eliminar como se hizo en su día con la fuerza, el último criterio de dominación. Sin embargo el poder es poder y monopolizarlo sin controles efectivos para evitar la tiranía nos lleva a los dramáticos hechos históricos como los vividos bajo las dictaduras comunistas.

El capitalismo pues tiene los defectos que analizó Marx. Sin embargo, ha encontrado vías para la supervivencia, que no son otras que la explotación aún más exhaustiva tanto del medio físico como de la necesidad de los consumidores. La explotación de nuevos mercados hoy se encuentra saturada, la innovación está consistiendo en la creación de nuevas necesidades a los individuos, ésta está respaldada por la explotación aún más grande de los viejos mercados basados en la necesidad primaria de los individuos para sobrevivir además de la obsolescencia programada.

Probablemente el marxismo utópico pecó de falta de análisis sobre la naturaleza del poder y sus peligros, además de no concebir un modelo alternativo real, pues la planificación central que se desarrolló en las dictaduras comunistas no resultó eficiente. A pesar de ello, el capitalismo no deja de ser lo que Marx definió. Hayek y Mises no fueron conscientes de la verdadera naturaleza de la libertad humana y pecaron en el mismo sentido al presuponer principios naturales como la condición libre del hombre.


[1] Es necesario consultar la fundamentación que Berlin hace sobre la libertad en su obre Dos conceptos de libertad, 1958.

Bibliografía

Berlin, Isaiah. 1958. Dos conceptos de libertad.

Bermudo. 1998. Ideas y valores: Libertad, igualdad y justicia en Hobbes. Nº 108. Bogotá, Colombia.

Hayek. 1990. La fatal arrogancia: los errores del socialismo: Unión editorial.

Hobbes. 1651. Leviatan.

Marx, Karl. 1867. El capital. 2ª edición: Akal.

Marx, Karl i Engels, Friedrich. 1848. Manifesito Comunista.

Tawney. 1931. Equality.

Von Mises, Ludwig. 1932. Socialismo. 3ª edición.

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