Libertad e igualdad en Aristóteles y Hobbes

¿Cómo relacionan estos dos filósofos los conceptos de libertad e igualdad?

Aristóteles que nació en Macedonia en el 384 a.C. y murió en el 322 al poco tiempo de exilarse a Atenas, pudo vivir en sus propias carnes el ascenso de Macedonia a la hegemonía con lo monarquía de Filipo y el funcionamiento de las polis atenienses. Aristóteles estuvo muy influenciado por la filosofía de Platón y de su posición acomodada en la sociedad. Sin embargo, Hobbes, se trata de un filósofo que lo encontramos en el renacimiento, una vez cerrada la etapa oscura medieval dogmática cristiana de Europa, Hobbes nace en la Gran Bretaña en el 1588 en el seno de una familia conflictiva hasta que entra en contacto con filosofía escolástica de raíz aristotélica por primera vez. Muy influenciado a posterior por la vida aristocrática inglesa, el sistema de la Commonwealth, la vida en el continente europeo por sus numerosos viajes y la religión cristiana a raíz de la reforma luterana. Aristóteles y Hobbes, distantes en espacio y tiempo, configuran posturas diferenciadas acerca de la relación entre la igualdad y la libertad. ¿Qué visión tiene cada uno?

Aristóteles considera al ser humano de por sí: libre y desigual, ya que rechaza la posibilidad de participación a las mujeres y a los esclavos en la polis. Además, distingue entre los iguales [los ciudadanos de la polis] un grado de diferencia en el estatus del gobierno de la polis: la virtud.

“De las virtudes a unas las llamamos <intelectuales> y a otras <morales>: intelectuales a la sabiduría, la comprensión y la inteligencia practica; morales, a la generosidad y la templanza.“
[Aristóteles, Ética a Nicómaco, pág. 74]

Aristóteles basa su teoría completa en lo que se llama el derecho objetivo, sostiene que la virtud responde a la justicia, ya que ésta consiste en la recta actitud basada en una serie de valores considerados como buenos y que los gobernantes de la polis deben ser, por lo tanto, los más virtuosos.

Adentrándonos más en la concepción filosófica de Aristóteles sobre la relación que existe entre la igualdad y la libertad, éste concibe al hombre natural como un ser libre. Por una cuestión basada en la seguridad y en la virtud decide efectuar el pacto social o el contrato social. Es necesario para Aristóteles desprenderse del estado de naturaleza para alcanzar el nivel virtuoso de estado civil, para poder deshacerse de las necesidades primitivas y poder llevar a cabo una vida plena de acuerdo con los deseos de cada uno dentro de la polis.

La virtud y los valores esenciales conformados por Aristóteles determinaran las leyes de la polis. Éstas y el derecho deberán ser entendidas como lo que debe ser.
Aristóteles comprende al hombre como un ser desigual y libre al mismo tiempo en su estado natural, se deshace de aquello que justifica a duras penas como inferior y se centra en la normal desigualdad que debe existir entre la diferencia entre los virtuosos y los no virtuosos de entre los iguales de la polis. Sin embargo, entre los iguales de la polis, tanto los virtuosos como los que no, tienen el mismo derecho de participar en la polis, ya que Aristóteles al fin y al cabo, solo define como debería ser gobernada la polis, ya que a su juicio considera que los virtuosos y más capaces son los más aptos para gobernar.

Pero el punto más interesante se encuentra en la necesidad de generar igualdad en la polis [entre los iguales, los ciudadanos]. Aristóteles lo demuestra de forma paralela en dos teorías políticas:

Una, seria sobre la necesidad de la igualdad en la participación, la igualdad para acatar las leyes y las normas de la polis, la igualdad para la disposición del disfrute de los placeres, la igualdad en la posibilidad de acceder a los cargos públicos, la igualdad en el sentido estricto de la palabra. La libertad queda completamente limitada, parcelada como un panel de abejas, estamos ante una libertad igual, todo ciudadano [entendámoslo como quien sólo considera ciudadano Aristóteles] tiene derecho a la misma libertad y ésta acaba cuando empieza la del otro, puesto que Aristóteles formula la justicia como virtud en el trato justo ya sea en el intercambio de bienes y servicios, en las propiedades… la equidad se vuelve la norma.

La segunda seria sobre la necesidad de extender a la clase media. La considera como la más apta, la más estable para la polis. Aquí donde encontramos otra justificación sobre la necesidad de generar igualdad en la polis.

La interacción de la libertad y la igualdad en Aristóteles parte de la idea de una libertad limitada por la misma igualdad de la polis.

Sin embargo, Hobbes amante de la razón y el orden, considera al hombre como simplemente deseo, ya que el deseo es lo que motiva y genera la voluntad. Hobbes rompe con la tradición aristotélica: renuncia al ideal metafísico y sustituye al hombre aristotélico por un hombre racional, un hombre liberado de la moral y la virtud. En el estado natural, desde su concepción, Hobbes lo fundamenta basándose en qué el hombre está tan sometido a su necesidad biológica que no piensa realmente en limitarse moralmente.

Postulado de Hobbes: el hombre nace igual y libre, pero no en derechos [ya que define derecho de forma diferente y lo liga con la justicia] lo considera igual en capacidad, algo totalmente novedoso que también rompe con la visión aristotélica que considera a los hombres desiguales por naturaleza.

Con la teoría de que los hombres son deseo de poder, Hobbes vuelve a romper los esquemas aristotélicos basados en el derecho objetivo, que se había mantenido durante toda la historia hasta Tomás de Aquino, que considera el derecho como lo que es correcto, lo que es de acuerdo a la ley. Hobbes considera de derecho aquello que está en concordancia con la libertad, de forma vulgar, el derecho para Hobbes sería: “Haz lo que tu deseo de voluntad [libertad] te permita”.

De Hobbes, el verdadero precursor del liberalismo, el que puso al hombre subordinado a los derechos naturales y no a leyes metafísicas como hace Aristóteles; debe entenderse que la primera concepción diferenciada es la igualdad innata considerada como ausencia de desigualdad a la hora de poder ejecutar todo deseo de voluntad en el hombre natural. El hombre es diferente pero esta diferencia no genera desigualdad a priori, todos tienen la misma oportunidad de poder ejecutar sus deseos, ya que la diferencia no es equivalente a la desigualdad.

La igualdad de oportunidades se haya en este principio rector de la filosofía de Hobbes. Ésta se haya en la forma natural del ser. El estado de naturaleza es un estado de igualdad y libertad “donde cada uno tiene derecho natural a hacer cuanto desee; su derecho se mide por su poder.” [J.M. Bermudo, Ideas y Valores, Libertad, Igualdad y justicia en Hobbes, pág. 65]

En el estado de naturaleza de Hobbes, el derecho se mide por el poder de hacer. Esto nos lleva a que la libertad y la igualdad interaccionan en su forma negativa; esto quiere decir que en la evolución de las relaciones sociales el hombre acaba con una libertad desigual. Éste parte de una base de igualdad, pero las diferencias en su voluntad de hacer condicionan su poder adquirido frente al poder innato creando desigualdad de poder, y por lo tanto, desigualdad en la libertad de poder hacer, ya que quien tiene poder, es aquél que realmente es libre de hacer lo que quiera de acuerdo con sus deseos.

Siguiendo la teoría de Hobbes, éste diverge en las motivaciones para la renuncia del derecho [entendiendo derecho en la concepción hobbesiana] como la formula Aristóteles. En realidad, según Hobbes, los hombres acceden al contrato social a través de una cuestión de paz, cuando el deseo a conservar la propia vida prevalece sobre el deseo a usar la libertad que nos concede el poder para limitar la libertad del otro. Es entonces cuando el ser humano renuncia a su libertad natural, renuncia a su derecho de imponer su libertad a un tercero, para construir estructuras que garanticen la paz y la seguridad.

Esta limitación de la libertad lleva a dos corrientes de pensamiento que aparentemente parecen opuestas, ya que el precursor que influyó a Locke en el liberalismo, Hobbes, y su concepción individualista del hombre, es el mismo precursor de la concepción absolutista en Europa. Sin embargo, en mi opinión, realmente no son modelos distintos.

Para demostrar que no lo son siguiendo la lógica de la relación entre la igualdad y la libertad uno se debe situar en el punto de partida del pacto, del contrato social de Hobbes y no de Aristóteles. La justicia para Hobbes responde a una libertad desigual: parte del paradigma de que los hombres parten de una igualdad de oportunidades y que si su deriva deviene desigual se debe a su diferente utilización de su deseo de poder y por lo tanto, es de justicia que aquellos que hayan utilizado mejor su poder innato [poder que es igual en suma entre todos los seres a pesar de manifestarse de diferente forma: belleza, fuerza, astucia…] tienen derecho a utilizar un poder adquirido mayor, lo que equivale a una libertad desigual, quien tiene más poder tiene más libertad. Esto es en definitiva el dogma liberal, pero no nos podemos quedar aquí, ¿cómo evoluciona en el mundo social? Mientras los liberales se quedan en este punto, Hobbes va más allá, y es este ir más allá es lo que hace llegar al absolutismo.

Si vamos más allá, como dice Hobbes, los hombres se encuentran en estado natural de guerra constante. Se muestra como una evidencia el llegar a un punto en que la desigualdad se hace tal ante la diferente utilización del deseo de voluntad a través de los poderes innatos, que hace que los hombres se organicen porque su deseo de preservar su propia vida prevalece por delante del su deseo de limitar la libertad de los otros para que uno mismo pueda tener más libertad para sus deseos. Es aquí cuando se produce la fractura, entre los poderosos y los temerosos: los poderosos consideran en justicia que si su voluntad y poder les permite pasar su libertad por delante de la libertad de otros, es deber poder hacerlo. Mientras que el contrato social llega por los temerosos, que renuncian a su libertad, [su derecho, como lo entendía Hobbes] para realizar el pacto social en la defensa de la paz. Y es aquí cuando entra en juego el absolutismo, [que luego será limitado por la concepción del parlamentarismo liberal] en que el pacto social se produce por la delegación de un poder hacia el soberano, que

puede personificarse en una sola persona y que es la que debe guardar y mantener la paz. Aquí es cuando el soberano impone su voluntad sobre la de los demás, y si es de deseo del soberano limitar unas libertades para la paz y seguridad, que así sea.

El absolutismo al fin y al cabo tan solo es la evolución natural del liberalismo, liberalismo que luego es formulado por Locke a través del parlamentarismo para evitar la tiranía del soberano.
Sin embargo, la perfecta argumentación de Hobbes y de su concepción del hombre desligado de los valores metafísicos se puede desmontar en un único punto: en la hipótesis en que considera que el hombre es igual de forma innata, y que si ésta fuera errada, falsearía el paradigma establecido del liberalismo que encuentra la justicia en la libertad desigual.

Aquí es cuando debemos volver a los clásicos y probar de falsear este paradigma. Basándonos en la concepción aristotélica adoptada por el pensamiento de otro coetáneo de Hobbes, Rousseau, el hombre realmente no es igual, no parte de una igualdad de oportunidades. La desigualdad sin embargo, no se encuentra en lo innato del hombre, se encuentra en el contexto en el que nace y vive. De aquí el mayor error de Hobbes en su hipótesis: su fundamentación parte de un hombre cerrado a la interacción y al contexto.
La fundamentación de Hobbes es excelente pero olvidó que el hombre nace en sociedad, no es un ser aislado, nace bajo un contexto que condiciona una desigualdad que no deriva directamente de la diferencia entre los seres humanos.

A pesar que aceptáramos la tesis de que los hombres nacen iguales y libres según la concepción de Hobbes y que las diferencias en los diferentes poderes innatos no generan una desigualdad a la hora de poder hacer; si tenemos en cuenta que los hombres no tienen por qué nacer en circunstancias y contextos iguales deberíamos replantearnos si realmente el hombre parte de una igualdad de oportunidades. Si no fuera así, y la diferencia de contexto generara una desigualdad innata que no depende de la igualdad real entre seres humanos, la teoría de Hobbes carecería de todo sentido. No tendría ningún sentido atribuir la justicia a una libertad desigual puesto que no se partiría de la premisa de la igualdad de oportunidades que se encuentra en la teoría de Hobbes.

Como intuye Aristóteles, los hombres en su estado de naturaleza se encuentran libres y desiguales, pero no por la idea natural de desigualdad innata como afirma Aristóteles, [seguramente creída en eso por el contexto en el que vivió] sino por la idea de que la desigualdad viene por variables no determinadas por el ser humano pero si por su entorno.

Entonces deberíamos volver a la idea de polis de Aristóteles, en que los hombres necesitan de igualdad para poder formarse de forma diferente en función de su virtud, o como en la concepción de Hobbes, en función de la habilidad para utilizar los poderes innatos para la adquisición de poder adquirido, lo que se llamaría autoridad o jerarquía dentro de una sociedad organizada. Pues los hombres que nacen libres y desiguales, necesitan del contrato social para que el soberano les otorgue la igualdad necesaria para cumplir con el principio de igualdad de oportunidades, que presupone Hobbes, para así poder desarrollar cada uno una forma vida diferente de acuerdo a su voluntad de deseo.

La libertad igual de Aristóteles: la polis debe generar igualdad para poderse desarrollar de forma libre dentro de ella, la libertad queda limitada por la igualdad de todas las libertades y la imposibilidad de imponerse unas sobre otras pero la desigualdad en la diferencia queda condicionada a una serie de valores dogmáticos; y la libertad desigual de Hobbes: los hombres nacen en igualdad de oportunidades y la diferente utilización y aprovechamiento de las cualidades determina la justicia en la desigualdad, cada uno tiene lo que merece.
Dos concepciones totalmente contrarias donde es posible encontrar puntos tanto de convergencia como de divergencia. Sin embargo, el dualismo sigue latente hoy en día, dos teóricos distantes en tiempo que marcan teorías contrarias que influirán en teóricos contemporáneos, el debate sigue abierto: ¿dónde encontramos la verdadera justicia? ¿En la libertad desigual o en la libertad igual?

Como opinión personal considero que se encuentra en la libertad igual, puesto que el paradigma de Hobbes no se sostiene por una hipótesis que queda falseada por el hecho de que parte de una realidad falsa basada en un hombre individualista y aislado. Como he argumentado, es necesaria la intervención para generar igualdad de base para poder desarrollarse de la forma más libre. La libertad que genera desigualdad no hace otra cosa que generar una tiranía que poco a poco se va reduciendo a muy pocos poderosos y que concluye en modelos similares al absolutismo.

Bibliografía
[Fernando Vallespín, Historia de la Teoría Política, 1, Ciencia Política de Alianza Editorial, Primera edición 1990, segunda impresión 2012, Tomo 1.]
[Fernando Vallespín, Historia de la Teoría Política, 2, Ciencia Política de Alianza Editorial, Primera edición 1990, Segunda impresión 2012, Tomo 2.]
[Aristóteles, Política, Clásicos de Grecia y Roma de Alianza Editorial, Primera edición 1986, Segunda impresión 2012]
[Aristóteles, Ética a Nicómaco, Clásicos de Grecia y Roma de Alianza Editorial, Primer edición 2001, Octava reimpresión 2011]
[Thomas Hobbes, Leviatán, Filosofía y Pensamiento de Alianza Editorial, Primera edición 1999]
[J.M. Bermudo, Ideas y Valores, Libertad, Igualdad y justicia en Hobbes, Nº108 Diciembre de 1998]

Un comentario en “Libertad e igualdad en Aristóteles y Hobbes

  1. Excelente artículo, considero evaluar una síntesis entre los dos postulados. Es necesario aceptar que nacemos en condiciones desiguales mas no con capacidades desiguales de a largo plazo materializar la voluntad. Es paradójico entonces que para evitar la desigualdad del poder en la polis (eliminar la posibilidad de coaccionar a otros) se haga a través del poder (coaccionando a quienes ponen en peligro las libertades de los “otros”). Es a fin ultimo un problema ético y personal si en nuestra voluntad aparece la idea de adelantar a través del poder, las libertades personales por encima de la de los otros y por lo tanto la solución es también de un tratamiento ético, primero personal y luego colectivo. En síntesis la polis de dogma unitario de aristoteles se puede liberalizar al construirse al rededor de una pluralidad de dogmas respetando los limites de la libertad de los otros planteado como un contrato social con un fuerte sentido moral de identidad colectiva que permita desarrollar las individualidades de esa sociedad sin catalogarlos fuera de esta.

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