El internacionalismo español o el no-nacionalismo español

El no nacionalista español reniega de banderas, se siente ciudadano del mundo, no cree en fronteras, cree que todos caminamos hacia la unión y que en este mundo globalizado no tiene sentido que se creen más Estados a través de la independencia, que es una quimera, un contratiempo y contraprogreso, que el progreso pasa por la unión de Estados.

Yo no sé si es consciente de lo que supone su “internacionalismo” que más que “internacionalismo” se podría considerar como una especie de imperialismo: la negación de la autonomía política de cualquier comunidad que quiera devenirse como Estado independiente y la progresiva agregación de entidades Estatales para conformar en supraEstados más grandes cuyas decisiones se tomarán más por el conjunto sin el respeto a las minorías territoriales que quieran divergir de la forma de hacer de la comunidad más amplia, para así imponer una tiranía de la mayoría en un mundo global. Absurdo.

¿Por qué se va a negar la autonomía política en forma de Estado a una comunidad territorializada que así lo desee? Al fin y al cabo, las fronteras estatales existentes no son fruto de una planificación racional o del consenso democrático; son accidentes históricos que surgieron de procesos que, en su mayor parte, distaban mucho de ser aceptables desde un punto de vista moral. ¿Por qué deben petrificarse esas fronteras que forman hoy los Estados-Nación en contra de la democracia? ¿Por qué solo se puede avanzar hacia la unión?

El internacionalismo español, que lejos de ser un verdadero internacionalismo, lo que propone es la sumisión de las divergencias políticas a la mayoría tiránica fundamentada en la unión de entidades políticas y su indivisibilidad.

Este pensamiento español viene precisamente de dos deformaciones conceptuales:

1. La unión en su forma pura como valor en sustitución a la libertad. Debemos buscar esta deformidad en la historia del pensamiento español, donde la libertad y la autonomía pasan a un segundo plano, haciendo del valor de la unidad como superior.

Por eso los españoles todo lo que no pase por la unidad se entiende como separación, algo detestable, y no se entiende como libertad de ser autónomo, independiente.

Mientras los españoles ven la unión, ya sea de forma libre o no, como algo positivo, y la separación, ya sea libre o no, como algo negativo, lo cierto es que los catalanes amantes de la libertad tal y como dijo Voltaire solo comprenden que la unidad ha de pasar por la libertad de unirse y la independencia ha de pasar por la libertad de separarse para considerarse como algo bueno y deseable, sin embargo, la unión contra la voluntad y la separación contra voluntad, es decir contrarios a la libertad, son percibidos como algo negativo en el pensamiento catalán a diferencia del español.

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2. La igualdad como igualación. Cierto es que igualdad no es igualar, pero en el imaginario del pensamiento español así se entendió cobrando formas de homogeneización.

Por eso es sencillo encontrar afirmaciones que reclaman la igualación y nombran la igualdad. Por ejemplo cuando dicen de la igualdad de los españoles lo hacen a través de la igualdad de las CCAA y nunca de los ciudadanos, ven que un millón de habitantes que viven por ejemplo en Aragón son en igualación lo mismo que siete millones de catalanes.

Además no hace falta buscar demasiado para encontrar en la historia antigua y reciente las ansias de homogenizar a los ciudadanos para poder considerarlos iguales. Lo cierto es que lo contrario a la igualdad es la desigualdad, pero el pensamiento español deformó el concepto para hacer de la igualdad contraria de la diferencia (cuyo verdadero antónimo es la homogenización o la igualación) y por lo tanto cualquier aspiración de diferencia (algo diferente a la desigualdad) es considerado un atentado a la igualdad.

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La demonización del concepto “nacionalismo”, cargándolo de connotaciones negativas y relegándolo solo a sentimiento diferente del castellano que se encuentra en la periferia peninsular ha permitido la creación de este falso internacionalismo español.

El internacionalismo en realidad, no consiste en crear Estados cada vez más grandes. El progreso no lo encontramos en ir uniendo Estados y territorios, sino a que éstos sean capaces de dar respuesta a la democracia y el bienestar de sus ciudadanos. Por lo tanto, de que exista el respeto a la libre unión y segregación para hacer de los Estados adaptables a las aspiraciones de autonomía de los pueblos y que éstos puedan satisfacer de la forma más óptima sus necesidades.

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