En defensa del catalán, contra la imposición castellana

El catalán es el activo más importante de la identidad nacional catalana. Los catalanes, si fueran despojados de su lengua, se convertirían una provincia sin singularidad. Sin singularidad, no hay voluntad de progreso como pueblo, no hay orgullo, creatividad o iniciativa y, por lo tanto, no hay creación de riqueza ni poder en el territorio … a mayor gloria de Madrid, en nuestro caso. Concretamente, a mayor gloria de la casta dominante en Madrid.

La falta de presencia del catalán en determinados ámbitos no necesariamente mala “per se” sino que es una debilidad del idioma, con el riesgo que acabo de mencionar. El abandono de una lengua en los ámbitos políticos, judiciales, técnico-científicos y de negocios es una forma de debilitarla.

Es un fenómeno conocidísimo llamado diglosia: una lengua, normalmente impuesta y promovida por un poder también dominante, arrincona otra lengua, que no es defendida ni promovida por el poder dominante, a los ámbitos folclóricos y de las relaciones personales y familiares.

En nuestro caso, todo ello se une al hecho de que la lengua del poder dominante, es una lengua potentísima cultural y demográficamente. Su ‘supervivencia’ en el territorio no se ve amenazada en absoluto por ninguna política de inmersió lingüística en favor de la otra.

Con el tiempo, la lengua no promovida por el poder dominante se va degradando, ya que no se adapta a los cambios sociales, científicos y teconològics, y es abandonada por falta de practicidad inmediata. El grupo social que la empleaba va perdiendo identidad y degradándose en favor del territorio y grupo social que detenta el poder que ha impuesto su lengua.

Esta es la estrategia que sigue el nacionalismo español para someter, ‘provincianitzar’ y asimilar los territorios de habla catalana (o valenciana, que nadie se ofenda), como se puede ver en las Islas Baleares, el País Valencià y las comarcas aragonesas de habla catalana. Paradójicamente, para defender esta estrategia, el nacionalismo español exacerba el miedo de la gente a que los catalanes (y ‘pan-catalanistas’ locales) tengamos la intención de aplicar la misma estrategia que ellos están aplicando.

Algo parecido ocurrió con nacionalismo francés, como se puede ver en la Cataluña Norte, en el pasado. Ahora, la debilidad del catalán en este territorio y la legalidad pro-francófona del Estado Francés hacen que el catalán no pueda ser soporte de cabeza ‘contra-poder’. En la misma situación se encuentran en Francia el Bretón, Corazones, Occitano, Alemán, etc … a mayor gloria de París.

Una de las formas de defendernos de esta estrategia es la promoción del catalán en los ámbitos donde es minoritario. Y para ello hay todo que los catalanes tengamos todos el mismo hábito y capacidad de relación en catalán.

Los ataques contra la inmersión lingüística buscan consolidar una masa crítica de catalanes poco habituados con el catalán, de forma que los catalano-hablantes tengamos dificultades para relacionarse a ellos y hacernos entender. Así, por comodidad acabaremos consolidando la costumbre – ahora ya presente – de utilizar por razones prácticas el castellano más de lo teóricamente necesario. De esta manera se mantiene la relacció diglósica entre los dos idiomas y, por tanto, se da apoyo a la asimetría en las relaciones de poder con la casta dirigente de Madrid.

La situación que se debería dar a Cataluña entre el catalán y el castellano para que fuera interesante poder emplear ambos idiomas al 50% en la enseñanza sería más o menos la misma que tienen el castellano y el inglés en Madrid. Es decir:

1. El castellano está presente de forma abassegadorament mayoritaria en todos los ámbitos políticos, culturales, mediáticos, judiciales, artísticos y técnico-científicos.

2. No hay una fracción relevante de la sociedad que casi sólo hable inglés y que suba – por razones prácticas – obligar ‘a los castellano-parlantes cambiar al inglés de forma automática por relacionarse.

3. No hay un poder político ajeno al que los madrileños tengan que someter su soberanía y que se exprese y promueva el inglés de forma exclusiva.

El conocimiento del inglés por los madrileños tiene, por tanto, muchas ventajas y ningún riesgo de diglosia por el castellano.

Hazte la siguiente pregunta: ¿por qué los castellanos no abandonan el castellano y se pasan en masa al inglés o alemán, que tantas ventajas les comportaría para ser una sociedad más competitiva y poder salir más deprisa de la crisis?

Probablemente, la mayor parte de la respuesta parecería mucho a lo que he mencionado.

Original: comentario InOm

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