Sobre la naturaleza del Estado moderno

¿Qué naturaleza debería adoptar el Estado en las relaciones internacionales y nacionales delante de los retos de unión y segregación de soberanías?

1.   Justificación  – State of the Art

La pregunta de análisis viene justificada por la problemática observable que encontramos en los conflictos dentro y fuera de los Estados en relación a su soberanía y los retos que suponen dentro del contexto actual de la globalización.

Los movimientos secesionistas, la opresión de minorías territoriales dentro de un Estado, la confrontación de voluntades diferenciadas y la rigidez Estatal son los puntos que analizan esta cuestión. Y delante de este reto propositivo, el análisis viene a contestar sobre qué naturaleza debería adoptar el Estado en las relaciones internacionales y nacionales delante de los retos de la unión y segregación de soberanías.

 2.   Metodología

La metodología empleada para la resolución de la cuestión se basará en un análisis de tipo descriptivo – argumentativo. Se explicará a través del estado actual de la pregunta de investigación sobre cómo se han abordado las diferentes concepciones a la naturaleza del Estado para analizar aquellos elementos que han sido base de conflictos internacionales y cómo ha evolucionado la dinámica de unir y separar Estados.

El primer análisis de tipo descriptivo permitirá señalar aquellos puntos de discordia que provocan conflictos y que pertenecen a la naturaleza propia del Estado actual. Y a través del modelo de análisis argumentativo basado en la relación lógica por la observación sistemática en la historia y la fundamentación teórica al respecto permitirán elaborar una propuesta de cambio de naturaleza en la concepción del Estado en relación a la soberanía para lidiar con los conflictos de unión y segregación.

La estructura del trabajo consta de tres secciones; una introducción, dónde se describirá la situación actual sobre el concepto del Estado y la soberanía y las evidencias problemáticas que supone; seguida del apartado de los conflictos, donde se expondrán algunos ejemplos reales, sin entrar en fondo en la cuestión sobre que les diverge, sino para buscar los puntos de convergencia entre los diferentes para extraer la esencia de la problemática conceptual del Estado y la soberanía actual; y finalmente una sección propositiva donde se argumentará a partir de la descripción y teorización de la problemática una serie de argumentos que tienen como objetivo la resolución de los conflictos internacionales y nacionales sobre la segregación y la unión de Estados y soberanías basados en la relación lógica entre las aportaciones teóricas de ilustres autores antiguos y contemporáneos y la evidencia sobre un necesario cambio de la naturaleza nacional ilustrada en las primeras secciones.

3.   Secciones

a.   Introducción

El Estado hoy representa una única concepción que se ha ido gestando a lo largo de la historia. En todas partes, incluso en las configuraciones políticas más antiguas, encontramos también la organización de los medios materiales de la administración como empresa propia del señor. Este trata de mantenerlos en sus propias manos, administrándolos mediante gentes dependientes de él, esclavos, criados, servidores, favoritos personales o prebendados, retribuidos en especie o en dinero con sus propias reservas. Intenta, igualmente, atender a los gastos de su propio bolsillo, con los productos de su patrimonio, y crear un ejército que dependa exclusivamente de su persona porque se aprovisiona y se equipa en sus graneros, sus almacenes y sus arsenales. En tanto que en la asociación estamental el señor gobierna con el concurso de una aristocracia independiente, con la que se ve obligado a compartir el poder, en este otro tipo de asociación se apoya en domésticos o plebeyos, en grupos sociales desposeídos de bienes y desprovistos de un honor social propio, enteramente ligados a él en lo material y que no disponen de base alguna para crear un poder concurrente. Todas las formas de dominación patriarcal y patrimonial, el despotismo de los sultanes y el Estado burocrático pertenecen a este tipo, especialmente el Estado burocrático, cuya forma más racional es, precisamente, el Estado moderno.[1]

El Estado moderno ha ido adaptándose a través de la historia bajo los principios democráticos y de derecho, y se ha consolidado bajo un territorio fijo delimitado por unas fronteras y un cuerpo soberano, el pueblo. Cierto es que la concepción de Estado ha ido variando a lo largo de la historia y que el soberano ha pasado de manos del señor como ilustra Weber, a ir a manos del cuerpo constituyente, el pueblo, propio de un Estado democrático y de derecho.

Según la teoría general del Estado, un Estado cualquiera tiene una sola soberanía indivisible. Sin embargo, un Estado confederado, es en realidad la unión de diversos Estados y por lo tanto con distinta soberanía. Pero la cuestión a destacar es sobre la existencia de un solo cuerpo soberano, cuya voluntad se expresa bajo la llamada voluntad general, sin embargo, pocos teóricos han abordado la posible división de ésta soberanía o voluntad general. La concepción del Estado se basa en una organización interna y unas relaciones de igualdad con el resto de Estados soberanos pero no sobre la divergencia de voluntades agregadas dentro de un mismo cuerpo.

La pluralidad Estatal es abordada por autores recientes como Haesbaert o Sergio Boiser que han trabajado sobre una base federalista o de regionalización de los Estados modernos como solución a la existencia de una confrontación de voluntades divergentes dentro del mismo soberano.

Marx por ejemplo, sí que ha sido uno de los primeros defensores del derecho a la autodeterminación de las naciones oprimidas, sin embargo, tan solo habla en términos de nación pero nunca en el sentido de divisibilidad de la soberanía y cómo debería identificarse y expresarse.

En el idealismo Kantiano, por ejemplo, se puede entrever a través de la fundamentación de principios como éste pone a la voluntad humana por encima de la concepción nacional, pero a pesar de ello, el Estado parece ser abordado siempre como un ente perpetuo, inamovible en el tiempo. El análisis de las modificaciones Estatales se mantiene en el orden del análisis histórico pero nunca teórico; el Estado es fundamentado como invariable en todos los casos, indivisible al parecer.

La teorización federalista o regionalista que hace hincapié en la autonomía dentro de un cuerpo soberano no hace más que ahondar en la perpetuidad del mismo cuerpo soberano. La consideración de nación oprimida y su derecho a la autodeterminación vuelve a la rígida concepción de nación y también hace hincapié en la perpetuidad de un mismo cuerpo soberano basado en una concepción nacionalista. Esto nos lleva a que la nación o lo que pueden entender los hombres como nación es la legítima soberana y no la voluntad expresa de la ciudadanía según los últimos teóricos. Es relevante ya que demuestra que sólo aquello que demuestre ser nación tiene derecho a ser soberana.

Ante todo esto Hans Kelsen en su impresionante obra de Teoría General del Estado argumenta: “Si la creación normativa se lleva a cabo por el procedimiento de decisión mayoritaria; […] es posible que la mayoría se componga por completo de aquellos individuos no sometidos a las normas por ellos votadas, porque no pertenecen a la <comunidad> o <pueblo> parciales constituidos por dicho orden local; lo cual, especialmente cuando se trata de comunidades minoritarias religiosas o nacionales, se interpreta como imposición autocrática.” Lo que nos indica que la democracia dentro de un cuerpo soberano no soluciona el problema, ya que la imposición mayoritaria de una comunidad diferenciada se entiende como imposición autocrática, ya que la comunidad minoritaria nunca tendrá el peso suficiente para influir en un soberano mayor. Además añado como no se resuelve el problema de la perpetuidad del Estado como órgano inamovible e invariable ya que argumenta sobre la disolución de un Estado federal que: “Es verdad que la determinación no ha existido en ninguna de las Constituciones federales conocidas hasta ahora; […] aquí surge bajo una nueva forma la concepción de <eternidad> del Estado.”[2] Lo que nos remite a que parece que el estado se vuelve eterno, invariable.

Abordar esta cuestión como un problema interno de un Estado dónde la comunidad internacional no debe influir ha llevado a conflictos en la actualidad. La concepción del Estado como un organismo invariable ha llevado a la sociedad global a los mismos conflictos, donde se contraponen la integridad de un Estado – Nación y los derechos democráticos fundamentales.

b.   Conflictos

En la época de la globalización, cuando la apertura económica al comercio exterior y los intercambios de bienes y servicios a gran escala han supuesto una eliminación real de las fronteras económicas parece a priori que los Estados hayan perdido peso. Sin embargo, como se observa en los diferentes conflictos nacionales, Los Estados no parecen que hayan perdido relevancia sino que se han petrificado, se han convertido en organismos nacionalistas. La progresiva falta de control en la economía producida por las liberalizaciones de las últimas décadas ha supuesto una mayor rigidez nacional.  Sin embargo, la evidencia observable nos hace descartar cualquier consideración de acción-reacción, puesto que la rigidez nacional no se debe a ámbitos económicos, sino a de carácter orgánico, de su naturaleza misma.

El estado moderno ha superado la época colonial y las invasiones y la intrusión en soberanías ajenas en un mundo dónde hasta el último rincón de la Tierra ya ha sido repartido bajo la potestad de lo que conocemos como Estado soberano. Sin embargo, esta superación colonial ha supuesto una estructura de Estados rígidos, donde las fronteras parecen hoy, inamovibles. De poco sirven las declaraciones a favor de la autodeterminación de los pueblos para la descolonización, cuando ésta ya parece haber terminado. ¿Se han convertido los estados en un organismo inamovible?

El caso de las Malvinas sirve para ejemplificar hasta qué punto ha llegado la concepción del Estado-Nación. De forma simplificada y resumida podríamos explicar el caso de las Malvinas: Argentina reclama a las Malvinas como parte de su patria, de su Estado, mientras que el Reino Unido dice que eso lo deben decidir los que viven en las Malvinas[3]. Argentina considera ilegitima la invasión de las islas y las reclama como suyas y que el referéndum en realidad lo están votando los descendientes de los invasores, consideran las Malvinas como parte integral e indivisible de su territorio. Esta es la concepción nacional de un cuerpo soberano, Argentina considera que es la nación integra como organismo territorial la que debe estar bajo una misma soberanía, independientemente de los ciudadanos que viven bajo ese cuerpo.

El caso catalán también nos puede ilustrar hasta qué punto llega la concepción del Estado-Nación: Catalunya reclama que sean los ciudadanos catalanes quienes decidan sobre su futuro haciendo alusión al derecho a la autodeterminación de los pueblos, sin embargo, el gobierno central español hace referencia a la indisoluble unidad de España y que el cuerpo soberano es indivisible y corresponde al conjunto de los ciudadanos españoles.[4] Lo que nos vuelve a confrontación de lo que entendemos como cuerpo nacional indivisible y el principio democrático.

En la historia, la guerra ha supuesto un intento [….] de los hombres para configurar nuevos cuerpos políticos.[5] La formación de los actuales Estados-Nación ha estado fundamentada por la invasión, pero hoy, esa fórmula no es legítima a los ojos de la comunidad internacional. Sin embargo, eliminada la fórmula histórica de modificación de las fronteras nacionales, ¿esto debería derivar en una inmovible estructura de Estados?

Tanto Argentina como España tienen un inicio en la historia y antes de ellas había otra entidad con fronteras diferentes. Parece que los actuales Estados-Nación se han congelado, petrificado y se han conformado como un ente orgánico cuyas fronteras son y deben ser invariables y su voluntad se haya indivisible bajo un mismo soberano.

El caso de Irlanda y la lucha de IRA, parece tomar forma en el término de unificación de una concepción de la Nación Irlandesa que se halla dividida, sin embargo, ¿qué opinan los habitantes de Irlanda del Norte?  ¿Se podría unificar Irlanda del Norte con Irlanda del Sur incluso en contra de la voluntad de los irlandeses por cuestiones de integridad nacional?

El principio democrático parece contraponerse a la idea de nación. Autonomía parece ser la respuesta de muchos autores de nuestro tiempo como argumenta Susan. J. Henders en Territoriality, Asymetry, and Autonomy para los casos de Catalunya, Córcega, Hong Kong y el Tibet. Pero ¿hasta qué punto autonomía? ¿Hasta la posibilidad de conformarse en un Estado? ¿Hasta qué punto puede solucionarse el solapamiento de realidades divergentes? ¿Hasta qué punto la voluntad general del cuerpo mayor Estatal podría oprimir a las regiones autónomas? ¿Y hasta qué punto podrían éstas hacer uso de su derecho a la autonomía? La autora parece no poner respuesta a esto. La mayoría de concepciones federalistas suponen una buena voluntad del cuerpo general ante las voluntades agregadas territorialmente divergentes, pero dejarlo a la buena voluntad no quiere decir que siempre se ejerza.

Pero ante esta evidencia, los conflictos secesionistas y unionistas cuestionan la naturaleza actual del Estado y su organización. Parece que el Estado moderno ha llegado un una especie de Leviatán deformado, dónde al final, toda minoría divergente debe someterse al soberano, al conjunto, indivisible, indisoluble.

c.   Propuesta

La realidad en el mundo es que la soberanía no pertenece a las diferentes voluntades divergentes sino a las naciones o los Estados creados de forma artificial, ya sea por la fuerza, por herencia histórica, o impuestas desde fuera. Esto ha generado los conflictos que hemos observado, movimientos independentistas, movimiento en contra de la colonización, conflictos en materias competenciales, en definitiva un conflicto entre voluntades divergentes territorializadas de diferente peso que se ven obligadas a compartir la misma voluntad general.

Basándonos en la teoría de las colectividades, deberíamos considerar que el nacionalismo territorial se entendería como imposición soberana única sobre determinados asuntos en un territorio concreto, es decir, territorio que se considera soberano al conjunto de sus ciudadanos no por criterios de la existencia de voluntades convergentes en todo el territorio en relación a la necesidad de una gestión conjunta; sino sobre la idea dogmática que a los ciudadanos de este territorio les corresponde una gestión soberana conjunta por una cuestión nacional.

El principio de indisolubilidad de una nación solo puede atribuirse a un componente dogmático, pues éste no supone la unidad como la voluntad de todos los territorios y ciudadanos de permanecer unidos sino que supone la unidad como algo imperativo.

El principio democrático entra pues en juego a la hora de considerar si estamos trabajando con componentes o exigencias nacionalistas deterioradas o simplemente voluntades de autogestión legítimas.

La clave para distinguir si se trata de una forma u otra es el principio democrático para comprobar la existencia de una voluntad divergente/convergente que reclama autonomía/soberanía y observar dentro de la heterogeneidad de un movimiento qué es en general lo que motiva dicho movimiento, si son preceptos dogmáticos o una real voluntad diferente/igual a la general.

Bertrand de Jouvenel diferenciaba dos modelos en el ámbito de la autoridad comunal, el modelo de la asociación voluntaria y el modelo de la dominación impuesta[6] y parece que a la vista de la nueva organización internacional globalizada, surge con más fuerza el tipo de autoridad basada en la asociación voluntaria. En la globalización y el derrocamiento de las fronteras económicas, las asociaciones voluntarias están superando a la tradicional concepción de Estado. Éste mismo Estado, el Estado moderno, defensor de los derechos fundamentales, del respeto a otras autonomías soberanas, y fundamentado en el derecho y la democracia debe fundirse en sus principios y evolucionar a otro tipo de naturaleza que le permita orgánicamente evolucionar y adaptarse a las aspiraciones cambiantes de la sociedad.

En referencia a esto, un paralelismo en torno a la ciencia que resulta relevador dice: “La ciencia descubrió que aquellos materiales rígidos que carecen de elasticidad y de flexibilidad no soportan las tensiones y se rompen con suma facilidad.”

Los Estados actuales deben cambiar a un modelo flexible de estructura territorial basado en respeto a la voluntad ciudadana y el derecho a la soberanía. Esta misma, como ente colectivo debe en todo caso dividirse cuando se constate la divergencia de voluntades dentro de una misma de forma agregada territorialmente.

Respondiendo a los principios democráticos del Estado moderno, en realidad, el modelo democrático de Estado de Derecho parece estar más cerca de la concepción formal del mismo, porque en un Estado democrático no se le reconoce autoridad a ningún orden de valor inmutable, ningún orden de valor inmutable está por encima del Derecho positivo. Es ésta una proyección de relativismo democrático. Pero, precisamente, los elementos esenciales de la concepción formal de Estado de Derecho se han vinculado a los derechos fundamentales y a la legalidad de la administración, donde significativamente los derechos fundamentales actúan como límites a la actividad del aparato institucionalizado del Estado. […] La democracia supone la formación de una voluntad común mediante su coincidencia lo mayor posible con las voluntades individuales de los gobernados. Esa coincidencia relativa permite apreciar cuando se realiza efectivamente el mayor grado posible el valor de la libertad, concebida como aproximación a la autodeterminación.[7]

Sobre esta misma teoría de las colectividades entorno a la voluntad, ésta nos dice que diferentes colectividades territorializadas pueden tener una voluntad general diferenciada de la de otras realidades sociales de otro territorio. A diferencia de la teoría individualista extrema, en las teorías de la colectividad podemos encontrar respuestas adecuadas sobre lo que se refiere a la legislación y la gestión de los recursos comunes como demuestra Tönnies bajo su teoría de la Sociedad y la Comunidad. [8]

A lo largo del tiempo de nuestra historia se ha hecho evidente la tradición de considerar una serie de bienes y servicios como comunes. Esto se debe a la necesidad imperiosa de la sociedad de organizarse y cooperar por el bien general. De ahí la necesidad de gestionar de forma cooperativa los recursos y de establecer unas normas generales para la seguridad de los individuos que conforman la sociedad. [9]

Existen por lo tanto entes de personas que viven en un territorio que pueden conformar una voluntad general única y diferenciada de otra. La teoría de las soberanías nos dice que voluntades divergentes no pueden compartir una misma soberanía y que por lo tanto, voluntades de autonomía sobre determinados asuntos deben ser escuchadas y los territorios deben ser libres de poder decidir su devenir, ya sea en materia de legislación o en materia de gestión.

Todo pueblo, sociedad territorializada, que se organice libremente con instituciones de organización colectivas propias y que desee la soberanía sobre diferentes materias, debe tener el derecho de ejercer esa autonomía de forma democrática, en un sentido estricto, debe representar a la voluntad general de la región con aspiraciones de gestión y/o legislación diferenciadas del resto.

El concepto de colectividad territorializada surge a partir de la voluntad de organizarse políticamente y democráticamente, y el concepto de soberanía entendido como derecho a decidir, surge a partir de la voluntad autónoma de autogestión y legislación propia y diferenciada.

Por eso mismo, los Estados, lejos de establecer fórmulas centrales de descentralización evitando una ruptura soberana del Estado, debe, en un contexto internacional de interdependencia económica flexibilizar la idea de Estado hacia la dinámica de ruptura soberana en casos de voluntades divergentes para adaptar la organización social colectiva territorial que representa el Estado a la sociedad autónoma y constantemente cambiante en una realidad internacional global.

 4.   Conclusión

En conclusión, a la vista de los diferentes conflictos resultado de la rigidez Estatal entorno a lo que la soberanía supone; la divisibilidad de la misma debe ir en consonancia con las diferentes voluntades divergentes agregadas en un territorio para la obtención del legítimo derecho a decidir sobre un ámbito de acuerdo con la conformación de tal voluntad general; independientemente siempre de las fronteras históricas y la concepción nacional de los cuerpos políticos considerados hasta ahora como Estados.

Esto responde a la nueva realidad internacional que en el ámbito de la globalización, donde los asuntos adquieren un carácter transnacional y la realidad social se vuelve más dinámica y cambiante. Los Estados, como sistemas políticos de gestión y organización de lo común en un territorio, deben flexibilizarse y dar lugar a la segregación y agregación escalonada de todos los  ámbitos políticos y abandonar la rigidez de la concepción nacional. La creación de voluntades convergentes y divergentes en diferentes territorios deben ser los que determinen la cooperación o la autonomía sobre los asuntos políticos de las comunidades.

5.   Referencias

LIBROS

BERTRAND DE JOUVENEL, La soberanía. Editorial Comares, S.L. Granada, 2000.

E. OSTROM, El gobierno de los bienes comunes, Región y sociedad, volumen XIV, núm.24, UNAM, México, 2002. Enlace: [http://lanic.utexas.edu/project/etext/colson/24/24_10.pdf]

FERDINAND TÖNNIES (ed: JOSE HARRIS), Community and Civil Society, Cambridge University Press, 2001.

F.H.HINSLEY, El concepto de soberanía, Editorial Labor. Barcelona, 1972.

HAESBAERT, R, REGIONAL-GLOBAL, Dilemas da Região e da Regionalização na Geografía Contemporânea, Bertrand Brasil. Rio de Janeiro, 2010.

HANS KELSEN (Estudio preliminar: JOSÉ LUIS MONEREO PÉREZ), Teoría general del Estado, Editorial Comares, S.L. Granada, 2002.

IMMANUEL KANT, ¿Qué es la ilustración? Filosofía, Alianza Editorial. España, 2004.

MAX WEBER, El político y el científico. Libro virtual de la Universidad General de San Martín. Enlace: [http://www.hacer.org/pdf/WEBER.pdf]

SUSAN J.HENDERS, Territoriality, asymmetry, and autonomy. Catalonia, Corsica, Hong Kong, and Tibet. Palgrave macmillan. EEUU, 2010.

THOMAS HOBBES, Leviatán, o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil. Fondo de cultura económica, México, 1987.

INVESTIGACIONES SOCIALES, POLÍTICAS Y JURÍDICAS

JEAN-FRÉDÉRIC SCHAUB, Sobre el concepto de Estado, École des Hautes Études en Sciences Sociales (París). Enlace: [http://www.historiacontemporanea.ehu.es/s0021-con/es/contenidos/boletin_revista/00021_revista_hc28/es_revista/adjuntos/28_04.pdf]

MANUEL BECERRA RAMÍREZ, ADRIANA POVEDANO AMEZOLA Y EVELYN TÉLLEZ CARVAJAL; La soberanía en la era de la globalización, biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Enlace: [http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/6/2790/5.pdf]

SERGIO BOISIER, Territorio, Estado y Sociedad, pehuen, Centro de Estudios de Asistencia Legislativa. Enlace: [http://pdf.usaid.gov/pdf_docs/PNABK440.pdf]

ARTÍCULOS REVISTAS CIENCIAS SOCIALES, POLÍTICAS Y JURÍDICAS

ALEJANDRO TOLEDO PATIÑO, Globalización, Estado-nación y Espacios sociales; Revista Ixtapalapa, núm. 46. Enlace: [http://www.ub.edu/prometheus21/articulos/nautas/23.pdf]

V. I. LENIN, La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación, Revista Vorbote, núm.2, 1916. Enlace: [http://www.marx2mao.com/M2M(SP)/Lenin(SP)/SRSD16s.html]

ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

ANA DÍEZ, PP: el artículo 2 de la Constitución defiende la indisoluble unidad de España. Artículo en “El País”, 26 de setiembre de 2012. Enlace: [http://politica.elpais.com/politica/2012/09/26/actualidad/1348687578_265017.html]

RICHARD NORTON-TAYLOR, This meaningless Falklands referendum will resolve nothing. Artículo en “The Guardian”, 9 Marzo 2013. Enlace: [http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2013/mar/09/meaningless-falklands-referendum-uk-sovereignty]


[1] Véase Max Weber, El político y el científico

[2] Véase Hans Kelsen, Teoría General del Estado, pág. 376.

[3] Véase This meaningless Falklands referendum will resolve nothing, The Guardian.

[4] Véase PP: el artículo 2 de la Constitución defiende la indisoluble unidad de España. El País: [“Sean honestos, no mientan a la gente: Cataluña no fue nunca soberana. Han construido ustedes un relato falso. Han engañado ustedes a los catalanes”. Con estos términos se ha dirigido el portavoz de la Comisión Constitucional del Congreso, Pedro Gómez de la Serna, al portavoz de ERC, Alfred Bosch, que pedía al Parlamento español “la restitución de la soberanía de Cataluña” mediante la derogación del Decreto de Nueva Planta promulgado en 1715 por Felipe V.]

[5] Véase Immanuel Kant, ¿Qué es la ilustración?, pág. 114.

[6] Véase Bertrand de Jouvenel, La soberanía, pág. 27-32.

[7]  Véase Hans Kelsen, Teoría General del Estado, pág. XLIX.

[8]  Véase Ferdinand Tönnies, Community and Civil Society

[9]  Véase Elinor Ostrom, El gobierno de los bienes comunes

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