La soberanía, las voluntades generales y los nacionalismos

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La teoría de las colectividades nos dice que diferentes colectividades territorializadas pueden tener una voluntad general diferenciada de la de otras realidades sociales de otro territorio. A diferencia de la teoría individualista extrema, en las teorías de la colectividad podemos encontrar respuestas adecuadas sobre lo que se refiere a la legislación y la gestión de los recursos comunes.

A lo largo del tiempo de nuestra historia se ha hecho evidente la tradición de considerar una serie de bienes y servicios como comunes. Esto se debe a la necesidad imperiosa de la sociedad de organizarse y cooperar por el bien general. De ahí la necesidad de gestionar de forma cooperativa los recursos y de establecer unas normas generales para la seguridad de los individuos que conforman la sociedad.

Existen por lo tanto entes de personas que viven en un territorio que pueden conformar una voluntad general única y diferenciada de otra. La teoría de las soberanías nos dice que voluntades divergentes no pueden compartir una misma soberanía y que por lo tanto, voluntades de autonomía sobre determinados asuntos deben ser escuchadas y los territorios deben ser libres de poder decidir su devenir, ya sea en materia de legislación o en materia de gestión.

Todo pueblo, sociedad territorializada, que se organice libremente con instituciones de organización colectivas propias y que desee la soberanía sobre diferentes materias, debe tener el derecho de ejercer esa autonomía de forma democrática, en un sentido estricto, debe representar a la voluntad general de la región con aspiraciones de gestión y/o legislación diferenciadas del resto.

El concepto de colectividad territorializada surge a partir de la voluntad de organizarse políticamente y democráticamente, y el concepto de soberanía entendido como derecho a decidir, surge a partir de la voluntad autónoma de autogestión y legislación propia y diferenciada.

Sin embargo, la realidad en el mundo es diferente pues la soberanía no pertenece a las diferentes voluntades divergentes sino a las naciones o los Estados, creados de forma artificial, ya sea por la fuerza, por herencia histórica, o impuestas desde fuera. Esto ha generado siempre conflictos, movimientos independentistas en todo el mundo, movimiento en contra de la colonización, conflictos en materias competenciales…

Caso real: España versus “nacionalismos” periféricos

Basándonos en la teoría de las colectividades, deberíamos considerar que nacionalismo territorial se entendería como imposición soberana única sobre determinados asuntos en un territorio concreto, es decir, territorio que se considera soberano al conjunto de sus ciudadanos no por criterios de la existencia de voluntades convergentes en todo el territorio sobre la necesidad de una gestión conjunta; sino sobre la idea dogmática que a los ciudadanos de este territorio les corresponde una gestión soberana conjunta por criterios dogmáticos como la historia, motivos de guerra, etc..

En la Constitución española se incluye un componente dogmático:

Artículo 2. La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles.

El principio de indisolubilidad solo puede atribuirse a un componente dogmático, en este caso del nacionalismo español, pues no supone la unidad como la voluntad de todos los territorios y ciudadanos de permanecer unidos sino que supone la unidad como algo imperativo.

El principio democrático entra pues en juego a la hora de considerar si estamos trabajando con componentes o exigencias nacionalistas o simplemente voluntades de autogestión.

En el caso catalán, sin embargo, no podríamos atribuir el movimiento independentista a un movimiento nacionalista catalán, pues si así lo fuera, los motivos que movilizarían a los independentistas serian simplemente dogmáticos, es decir, sobre la necesidad de que Catalunya sea soberana independiente de España porque se consideran diferentes, ya sea por motivos de raza, cultura o historia, y, atención, esto es lo más importante, el movimiento independentista no sería democrático, pues su reivindicación no se respaldaría en la voluntad democrática de los catalanes sino en su concepción nacional.

¿Nacionalismo catalán?

Si analizamos el caso catalán, el independentismo surge a través de la voluntad democrática de gestión y legislación autónoma, el independentismo cobró fuerza ante la imposibilidad de avanzar dentro de España y de necesitar mayores cotas de autonomía soberana respecto de España. Cuando la voluntad general catalana difiere de la general española (incluyendo el conjunto de los españoles, catalanes también) se produce una ruptura de soberanía y la voluntad divergente del conjunto considera una necesidad de autonomía.

El movimiento independentista realmente no es más que la reclamación de soberanía catalana diferente a la española para gestionar de forma separada los recursos de los catalanes y legislar de forma diferente en el territorio catalán, pues la voluntad de los catalanes en materias presupuestarias, de lengua, comercio, infraestructuras, etc, diverge de forma muy notable a la voluntad general española.

No podemos olvidar la existencia de nacionalistas catalanes, pues existen, aquellos que por el simple hecho diferencial catalán consideran que la soberanía debe ser siempre catalana y nunca compartida con otro ente nacional (sea el que sea, hasta con Europa) en materias donde se pueda converger. Pero no son las motivaciones que hoy en día están moviendo al independentismo catalán, pues se basa en criterios democráticos y puramente racionales que se deben a la existencia de una voluntad divergente dentro de la voluntad general de España.

¿Nacionalismo español?

Si analizamos el caso español ¿qué es lo que está motivando el movimiento unionista? Por un lado podemos observar la imposibilidad dentro de la concepción unionista de que Catalunya pueda expresarse de forma separada al resto de España, también podemos observar que el movimiento unionista se niega a abrir el debate y se niega a que los catalanes puedan ser preguntados sobre esta cuestión; cuando lo normal seria, que cuando se producen indicios más que relevantes de que una voluntad regional empieza a divergir de la de un conjunto, se le pregunte a la que parece que diverge si realmente existe tal divergencia como en el caso del Reino Unido. Pero en el caso español tenemos indicios de qué está aplicando la lógica dogmática de una soberanía indisoluble en su conjunto, como dice bien la Constitución y por eso, en el movimiento unionista sí encontramos nacionalismo y en el independentista no.

Realmente la línea que puede separar reivindicaciones unionistas y reivindicaciones independentistas es muy fina para distinguir entre una reivindicación nacionalista y otra reivindicación no nacionalista, es perfectamente posible que haya reivindicaciones independentistas nacionalistas en el mundo como puede haber reivindicaciones independentistas no nacionalistas e igual en la reivindicación unionista.

La clave para distinguir si se trata de una forma u otra es el principio democrático para comprobar la existencia de una voluntad divergente/convergente que reclama autonomía/soberanía y observar dentro de la heterogeneidad de un movimiento qué es en general lo que motiva dicho movimiento, si son preceptos dogmáticos o una real voluntad diferente/igual a la general.

¿Es mala una reivindicación nacionalista?

Llegados a este punto puede parecer que una reivindicación nacionalista es mala y no es así. Una reivindicación nacionalista territorial se produce a través del dogma, pero no hemos de olvidar que el dogma no sale de otro lugar que de los sentimientos irracionales de una persona y por lo tanto es legítimo, siempre y cuando se respete la voluntad general y democrática del colectivo territorial que se disputa segregarse o agregarse de/a una soberanía mayor sin querer imponer la unión o la segregación por cualquier método que no sea el democrático, ya que es el único por el cual puede expresarse un colectivo.

Otros ejemplos

Otro ejemplo que podemos observar es el movimiento unionista europeo versus el movimiento de conservación nacional ante una cesión de soberanía. Aquí podemos ver como interaccionan sentimientos nacionales ante la cesión de soberanía sobre determinados asuntos. Por ejemplo, muchos países europeos no entraron en el euro probablemente por motivos de voluntad divergente sobre la que se respaldaba la unión monetaria; representa pues, una reivindicación de autonomía pero no nacionalista. Sin embargo, también podemos observar a partidos políticos en contra de la integración europea por motivos puramente nacionales.

Y al revés, también podemos observar movimientos unionistas que responden a intereses de unas pocas naciones, como la alemana, puramente nacionalista y movimientos unionistas que responden a una voluntad convergente sobre determinados asuntos, como en materias agrarias.

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